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El valor de investigar |
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La comarca de Lorca tiene una importante tradición curtidora que se potencia, sobre todo, después de la Primera Guerra Mundial. Olcina se orienta hacia este sector y se especializa en los servicios integrales de la industria del curtido. Durante los primeros años, la compañía se convierte en taller de asistencia técnica, especializándose en la fabricación de unas máquinas específicas para el proceso de curtición: bombos y molinos. La tradición de la empresa familiar se une a la innovación tecnológica. Alfonso Olcina, bisnieto del fundador y actual presidente de la empresa, tiene claro qué ha hecho líder a esta empresa murciana: la ética empresarial y la investigación. “Por un lado, cuidamos a nuestros clientes. Ellos son el motor de la empresa. Muchas empresas no quieren modificar sus bienes de equipo, mientras que nosotros ofrecemos adaptarlos y, me atrevería a decir, personalizarlos. Los productos que proporcionamos están abiertos a comentarios y mejoras. No se trata de entregar un equipo y desaparecer. Suelen ser inversiones fuertes, por lo que ayudamos a la empresa a optimizar sus resultados. Entendemos que se trata de una relación simbiótica, porque beneficia a ambos. Los clientes obtienen el producto mejorado y nosotros vamos perfeccionando los procesos. Muchas veces un comentario nos ha abierto la mente hacia nuevas posibilidades”. La investigación es la segunda estrella. El propio Alfonso continúa la explicación. “Enfocamos nuestros bienes de equipo desde la premisa de la máxima calidad, derivada de nuestra propia investigación”. Estas dos ideas han calado en el cuerpo de la empresa. “Buscamos la confianza basada en los hechos. La ética empresarial no se mide con datos objetivos. Para nosotros, la empresa debe ganarse la confianza cada día. El mercado de las pieles es muy competitivo. Si no aportas valor añadido a la empresa con la que trabajas, el resto se entera antes o después. Nosotros nos basamos en la veracidad y en el trato: lo que decimos se respalda con los hechos”, asegura Joaquín Páez, director comercial de la empresa. Alfonso Olcina concluye que “estamos orgullosos de nuestro pasado, pero queremos ser también un referente de presente y futuro”.
“Llegado un momento, Olcina no ha hecho más que acercarse a quienes demandaban nuestros productos. Hasta 1985, la expansión fue natural, por el crecimiento de la empresa. La salida al exterior no es una decisión premeditada, sino que es resultado del crecimiento de las cifras de negocio. Cuando el mercado nacional está copado y se considera que la presencia está alcanzando los límites se empieza a mirar dónde se pueden colocar los productos. Empezamos exportando a Francia y al Magreb, pero ahora mantenemos relaciones comerciales con cualquier país que tenga una importante industria del curtido. Llegamos a más de 70 países, lo cual significa tener presencia en América (Estados Unidos, Argentina o México), Asia (China o Japón) y África (países del Magreb o Sudáfrica)”, explica Joaquín Páez, quien calcula que “la demanda exterior supone prácticamente entre el 70% y 75% de nuestra producción”. Durante el proceso de globalización que ha protagonizado la industria del curtido, los proveedores de bienes de equipo se tuvieron que decantar por la calidad o por el precio. La agrupación Olcina apostó por la calidad, reforzando su departamento de I+D. Joaquín Páez explica que “España, a diferencia de Italia donde se encuentran nuestros principales competidores, carece de una imagen de marca-país fuerte. Todos conocemos la excelente calidad de los productos de cuero que se fabrican en España, pero el tópico asocia moda a Italia o calidad a Alemania. En nuestro sector de los bienes de equipo industriales para el curtido de la piel no teníamos otra opción que diferenciarnos en innovación y calidad, frente a otros competidores naturales como los italianos, que con decir made in Italy tienen mucho andado en nuestro sector. Esto supone que tengamos que invertir en publicidad y posicionarnos sobre valores tales como la innovación, la seriedad, la cercanía, la calidad y la eficiencia”.
El método utilizado es la colaboración comercial con una empresa local y la fabricación bajo licencia de ciertos productos. Joaquín Páez explica que “en la curtiduría, en determinados países, el cliente exige cercanía con el producto y con la empresa, por lo que habrá que plantearse la posibilidad de crear una empresa mixta”. Por otro lado, la empresa tiene previsto el desembarco en China. “Llega un momento en la empresa en el que es necesario plantearse hacer negocios con este país, porque hoy por hoy es el mercado más interesante, el de mayor crecimiento en el mundo. Nosotros estamos evaluando las posibilidades de acceder, así como las ventajas y desventajas que ofrece implantarse allí. Por un lado, el entorno en que se realiza la actividad industrial ofrece oportunidades, por el alto nivel de desarrollo y la preocupación por el impacto medioambiental. Por otro, plantea grandes dudas como la seguridad jurídica. No es una decisión de un día para otro”. La dirección de la empresa es consciente de la situación del sector en que compiten. El calzado ha descubierto que cuenta con una demanda interna muy fuerte en China y que, además, los costes laborales son menores que en Europa. “En este momento estamos buscando contactos, creando redes y formando a nuestros empleados. No es una salida sencilla, porque China es algo más que un país. Se trata de una economía que crece al 8% anual, con una población de unos mil millones de personas y con una cultura completamente distinta a la nuestra. Esperamos que a lo largo de 2004 se den todas las condiciones para tomar una decisión de este calibre”, explica Joaquín Páez. “La opción de China, a largo plazo, puede recomponer nuestra estrategia en relación con los clientes, los proveedores y los competidores. El 90% de nuestro trabajo se realiza en Lorca. No externalizamos la producción y como ofrecemos un servicio integral tampoco tenemos necesidad de subcontratar otras actividades. Si decidimos ir a China tendríamos que redimensionar las estructuras”, apunta el propio Páez, “porque un servicio como el que ofrecemos necesita una respuesta rápida, personalizada y específica”. En cualquier caso, Olcina no se cierra a un modelo único de externalización. “Los proyectos de China y Brasil son diferentes, pero adecuados a su mercado respectivo. Los mercados tienen características particulares, son más o menos abiertos o cerrados. Si nuestra empresa quiere entrar en ellos, hay que buscar la práctica más conveniente. En unos casos, nos encontramos la posición dominante de los competidores italianos, en otros, el peso de la industria local o las barreras arancelarias, etcétera.”, añade el propio Páez.
La idea que ha dirigido el proceso de apertura a nuevos profesionales ha sido la necesidad de satisfacer las demandas de nuestros clientes. “El hecho de que el interlocutor sea un familiar no es imprescindible, porque la empresa y la calidad de sus productos hablan por sí solos”, añade Páez. La experiencia ha sido positiva. “En un sector tan especializado como el nuestro, somos una de las pocas empresas que no ha sufrido una crisis financiera o una división por problemas familiares”, señala Joaquín Páez, explicando que “los principales competidores son las compañías italianas. Muchas de éstas tienen también un origen familiar, pero han sufrido numerosos procesos de crisis y fragmentación, por lo que es un toque de atención para nuestra empresa”. No le faltan razones, pues, para sentirse satisfecho. La quinta generación de los Olcina está ya a las puertas y su equipo de profesionales está ya preparado. Según explica Joaquín Páez, “enfatizamos la labor del equipo humano”.
Alfonso Olcina justifica la elección y se muestra satisfecho por el resultado. Considera que “la dinámica intraempresarial que se ha generado ha beneficiado a todos. Las cuatro áreas de la compañía están a la vez en sintonía y en competencia, por lo que el proceso se optimiza. Además, esta constitución ha beneficiado también a nuestros clientes. La calidad es una exigencia que nos hacemos a nosotros mismos. Empezamos exigiendo hacia el interior, por lo que el resultado final pasa por varias pruebas de calidad antes de ofrecer el producto final”. El diseño actual abarca la producción, la comercialización, la investigación y la automatización de los procesos. “Se trata de ofrecer un servicio integral, porque nuestro sector es sumamente competitivo. Como cubrimos todas las necesidades que pueden tener las compañías que demandan nuestros productos, el resultado final es bueno para clientes, proveedores, etcétera”, explica Joaquín Páez. Entre otras empresas componen el holding Agrupación Olcina S.L.: Talleres Olcina (fabricante), Olcina Group Trading Co.(comercializadora), DIDO (empresa de I+D) y participa en IPP (Ingeniería de Procesos y Planificaciones). “La nueva organización potencia la competencia intraempresarial, porque nos exigimos más que nadie a nosotros mismos”, asegura Páez. “Al diseñar la nueva estructura pensamos que el cliente tiene que tener interlocutores adecuados en cada caso, por lo que era necesario delimitar mejor los campos de actuación. Por esta razón “las cuatro se estructuran como unidades de negocio autónomas, incluyendo las cuentas de resultado”. La agrupación completa sus servicios con un buen servicio posventa. “Por ejemplo, nuestro servicio de atención al cliente no es un call center de 902, sino que le atiende la unidad que le ha vendido el producto. Como los cuatro procesos se realizan en Lorca podemos encontrar al interlocutor fácilmente. Asumimos la responsabilidad”. JUAN LUIS MANFREDI
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