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Cuando
en 1998 Pedro José Martínez, hijo y nieto de viticultores
de Jumilla (Murcia), decidió lanzarse a hacer su propia bodega
ya sabía que más de la mitad del vino que saliera
de sus barricas se vendería fuera de España. Por entonces,
el fundador de Casa de la Ermita, además de cultivar sus
viñedos para la cooperativa de la zona, era uno de los organizadores
de UPA (Unión de Pequeños Agricultores) en Jumilla
y estaba en Bruselas como uno de los representantes españoles
en las reuniones del sector del vino. “Ser viticultor de familia
y, al tiempo, estar en Bruselas, le convirtió en un adelantado”,
explica Lorenzo Baños, responsable del departamento de Exportación.
Tenía muy claro, por lo tanto, que el sentido natural de
sus ventas era el de traspasar fronteras.
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Lorenzo
Baños |
Lo que seguramente no
tuviera previsto era que en sólo cinco años iba a
estar vendiendo dos marcas en 25 países y que su bodega tendría
que ampliarse a marchas forzadas para dar respuesta a la demanda.
Mucho menos, que Robert M. Parker, el más prestigioso experto
en vino a escala mundial, iba a señalar el Casa de la Ermita
2000 como uno de los mejores vinos del mundo en la revista Wine
Advocate, en su edición de junio de 2001, considerándolo
“increíble por su precio”.
Además del sentido
de internacionalización, Martínez conocía el
valor añadido de las cosas bien hechas. Por ello decidió
situar su bodega junto a sus viñedos, en un paraje natural
de gran belleza cercano al Parque Regional del Carche e invertir
un montante inicial de 3,3 millones de euros para dotar a su sociedad
de los últimos avances y una ampliación de viñedos.
Una sociedad que empezó con cuatro socios con una media de
edad de 35 años y una primera intención: explotar
una variedad de la zona: la Monastrell. “Desde el principio
estaba claro que el mercado nacional para Jumilla es muy difícil.
Rioja o Ribera son denominaciones que están muy instaladas
en España, pero Jumilla siempre ha tenido un poco de mala
imagen que viene de tiempo atrás, de vino con un grado muy
alto", explica Lorenzo Baños, director de exportación.
Por eso, en la zona se
había generalizado la venta a granel, para mezclar con otros
vinos. Baños explica: “La gente no apostó por
una marca y se embotellaba muy poco, hasta que hace poco han surgido
unas 10 o 15 bodegas que empiezan ya a embotellar y cuidar mucho
la elaboración y se están sacando vinos de más
calidad”, una evolución que le está valiendo
a la denominación de origen Jumilla cierto reconocimiento
como vino de calidad, que está consiguiendo cambiar su imagen
en los últimos años en España.
Marcarse objetivos
No obstante,
Pedro José Martínez seguía teniendo clara la
necesidad de exportar ya que otros vinos corrían con ventaja
en el mercado nacional y mientras, en el internacional, había
un hueco para las características del Casa de la Ermita.
Empezó vendiendo en unos cuantos mercados: Reino Unido, Países
Bajos, Alemania y Estados Unidos con una cuota de exportación
situada entre el 30 y el 40%. Muy pronto, en 2001, tomó contacto
con el programa PIPE del ICEX, sumándose a él. Como
la Casa de la Ermita ya tenía clara su actividad exportadora,
la principal aportación del PIPE fue dotarles de la estrategia
de trabajo, “nos ayudó a reconocer que teníamos
que hacer un plan de actuación y someternos a él,
marcándonos objetivos año a año, en cuanto
a mercados y segmentos e intentar conseguirlo, no ir tan a lo loco”.
Además de la función de asesoramiento y consejo del
tutor de PIPE, para Lorenzo Baños también fue fundamental
la ayuda económica, más para una empresa en la que
la actividad y la internacionalización comenzaron parejas.
“Al principio, cuando aún no había ventas en
la empresa ni capacidad para viajar, te ayudaba mucho la labor del
ICEX. El hecho de no vender deja de ser un freno a la hora de hacer
viajes que eran fundamentales”.
Y muchos tuvieron
que ser los viajes, ya que de los cuatro mercados iniciales, en
los dos años del programa, Casa de la Ermita ha ampliado
su cartera hasta llegar prácticamente a toda la Unión
Europea, Estados Unidos (donde venden en 17 estados), Canadá,
Japón y Singapur, con un total de 25 países y una
cuota de exportación del 70%. Los últimos esfuerzos
se están dirigiendo a los mercados de los países de
la ampliación, como inversión a medio plazo, Estonia
y Eslovaquia en 2003 y a partir de ahora, República Checa
y Polonia.
El 85-90% de la estrategia
de estos cinco productivos años ha sido el posicionamiento
en restaurantes y vinotecas, para lo que han ayudado mucho las numerosas
reseñas y críticas en la prensa internacional, con
valoraciones positivas en cabeceras del prestigio de Wine Spectator,
Daily Mail, Guía Peñín Magazine y Decanter.
Al tiempo y
para mercados concretos Casa de la Ermita ha desarrollado una segunda
marca, Monasterio de Santa Ana, para situarla en supermercados cuidadosamente
seleccionados y dirigida a un segmento menos alto. “Cuando
llevas un tiempo en un país vas conociendo los gustos del
mercado y ves las tendencias y parece que quieren vinos con menos
corpulencia, menos consistencias y complejidad, algo más
económico… sacamos una segunda marca sencilla, clara,
moderna, una gama de monovarietales, con un corto período
de crianza en barrica”. A esta segunda estrategia que ocupa
el 10% de la exportación de la empresa corresponde, por ejemplo,
la cadena Waitrose en Reino Unido, donde ya han vendido cien mil
botellas.
Al preguntarse por las
razones de un éxito tan rápido, Baños apunta
a ciertas claves. "Por un lado, el dueño siempre ha
tenido muy claro que nuestro público era el de los mercados
exteriores. En cuanto al producto, hemos sabido ocupar un hueco
para los distribuidores, un vino de Monastrell. Al consumidor llegamos
porque el vino es bueno y vendemos más porque el precio es
competitivo, porque este tipo de uva es más barata que otras
variedades. También ayuda la crítica internacional
e ir presentándose a concursos".
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