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TRAS LAS HUELLAS DE … AGRUPACIÓN OLCINA
El valor de investigar | 1 | 2 |


La historia de Olcina se remonta a 1878, cuando su fundador Jorge Olcina Gironés instala en Lorca (Murcia) el primer taller mecánico bajo este nombre. Tras unos años, la empresa comienza a dar servicios a compañías de la zona, dedicándose a la fabricación y reparación de maquinaria industrial en sectores tan diversos como la agroalimentación, el textil y el curtido.

  Joaquín Páez

La comarca de Lorca tiene una importante tradición curtidora que se potencia, sobre todo, después de la Primera Guerra Mundial. Olcina se orienta hacia este sector y se especializa en los servicios integrales de la industria del curtido. Durante los primeros años, la compañía se convierte en taller de asistencia técnica, especializándose en la fabricación de unas máquinas específicas para el proceso de curtición: bombos y molinos.

La tradición de la empresa familiar se une a la innovación tecnológica. Alfonso Olcina, bisnieto del fundador y actual presidente de la empresa, tiene claro qué ha hecho líder a esta empresa murciana: la ética empresarial y la investigación. “Por un lado, cuidamos a nuestros clientes. Ellos son el motor de la empresa. Muchas empresas no quieren modificar sus bienes de equipo, mientras que nosotros ofrecemos adaptarlos y, me atrevería a decir, personalizarlos. Los productos que proporcionamos están abiertos a comentarios y mejoras. No se trata de entregar un equipo y desaparecer. Suelen ser inversiones fuertes, por lo que ayudamos a la empresa a optimizar sus resultados. Entendemos que se trata de una relación simbiótica, porque beneficia a ambos. Los clientes obtienen el producto mejorado y nosotros vamos perfeccionando los procesos. Muchas veces un comentario nos ha abierto la mente hacia nuevas posibilidades”.

La investigación es la segunda estrella. El propio Alfonso continúa la explicación. “Enfocamos nuestros bienes de equipo desde la premisa de la máxima calidad, derivada de nuestra propia investigación”. Estas dos ideas han calado en el cuerpo de la empresa. “Buscamos la confianza basada en los hechos. La ética empresarial no se mide con datos objetivos. Para nosotros, la empresa debe ganarse la confianza cada día. El mercado de las pieles es muy competitivo. Si no aportas valor añadido a la empresa con la que trabajas, el resto se entera antes o después. Nosotros nos basamos en la veracidad y en el trato: lo que decimos se respalda con los hechos”, asegura Joaquín Páez, director comercial de la empresa. Alfonso Olcina concluye que “estamos orgullosos de nuestro pasado, pero queremos ser también un referente de presente y futuro”.

 La salida al exterior
La industria de la piel se ha expandido en el mundo y la movilidad ha caracterizado la empresa desde hace más de dos décadas. “El sector ha sido pionero en el proceso de deslocalización y globalización”, explica Joaquín Páez, “porque siempre ha buscado abaratar los costes fijos a lo largo de toda la cadena de producción. Al mismo tiempo, todos los mercados demandan artículos relacionados con la piel. Hasta mediados de los ochenta, el período de expansión es consustancial a la empresa, junto al crecimiento, existe una demanda constante de los productos de la empresa. La calidad que se ofrece, en un gremio tan relativamente pequeño, se reconoce rápidamente. Unos clientes hablan con otros y vienen a Lorca a conocer el producto”, asevera Alfonso Olcina.

“Llegado un momento, Olcina no ha hecho más que acercarse a quienes demandaban nuestros productos. Hasta 1985, la expansión fue natural, por el crecimiento de la empresa. La salida al exterior no es una decisión premeditada, sino que es resultado del crecimiento de las cifras de negocio. Cuando el mercado nacional está copado y se considera que la presencia está alcanzando los límites se empieza a mirar dónde se pueden colocar los productos. Empezamos exportando a Francia y al Magreb, pero ahora mantenemos relaciones comerciales con cualquier país que tenga una importante industria del curtido. Llegamos a más de 70 países, lo cual significa tener presencia en América (Estados Unidos, Argentina o México), Asia (China o Japón) y África (países del Magreb o Sudáfrica)”, explica Joaquín Páez, quien calcula que “la demanda exterior supone prácticamente entre el 70% y 75% de nuestra producción”.

Durante el proceso de globalización que ha protagonizado la industria del curtido, los proveedores de bienes de equipo se tuvieron que decantar por la calidad o por el precio. La agrupación Olcina apostó por la calidad, reforzando su departamento de I+D. Joaquín Páez explica que “España, a diferencia de Italia donde se encuentran nuestros principales competidores, carece de una imagen de marca-país fuerte. Todos conocemos la excelente calidad de los productos de cuero que se fabrican en España, pero el tópico asocia moda a Italia o calidad a Alemania. En nuestro sector de los bienes de equipo industriales para el curtido de la piel no teníamos otra opción que diferenciarnos en innovación y calidad, frente a otros competidores naturales como los italianos, que con decir made in Italy tienen mucho andado en nuestro sector. Esto supone que tengamos que invertir en publicidad y posicionarnos sobre valores tales como la innovación, la seriedad, la cercanía, la calidad y la eficiencia”.

 Proyectos
En la actualidad, Olcina Group tiene dos proyectos. El primero consiste en una colaboración con Brasil, que es uno de los mercados más importantes del mundo. “Es un destino apetecible, porque cuenta con una industria local muy fuerte. El mercado es grande y hay todavía mucho que hacer. Pero no todo es tan fácil. Hemos encontrado dificultades para exportar nuestra producción, así que hemos ideado otras estrategias más acordes con las necesidades específicas del mercado brasileño”, indica Joaquín Páez.

El método utilizado es la colaboración comercial con una empresa local y la fabricación bajo licencia de ciertos productos. Joaquín Páez explica que “en la curtiduría, en determinados países, el cliente exige cercanía con el producto y con la empresa, por lo que habrá que plantearse la posibilidad de crear una empresa mixta”.

Por otro lado, la empresa tiene previsto el desembarco en China. “Llega un momento en la empresa en el que es necesario plantearse hacer negocios con este país, porque hoy por hoy es el mercado más interesante, el de mayor crecimiento en el mundo. Nosotros estamos evaluando las posibilidades de acceder, así como las ventajas y desventajas que ofrece implantarse allí. Por un lado, el entorno en que se realiza la actividad industrial ofrece oportunidades, por el alto nivel de desarrollo y la preocupación por el impacto medioambiental. Por otro, plantea grandes dudas como la seguridad jurídica. No es una decisión de un día para otro”. La dirección de la empresa es consciente de la situación del sector en que compiten.

El calzado ha descubierto que cuenta con una demanda interna muy fuerte en China y que, además, los costes laborales son menores que en Europa. “En este momento estamos buscando contactos, creando redes y formando a nuestros empleados. No es una salida sencilla, porque China es algo más que un país. Se trata de una economía que crece al 8% anual, con una población de unos mil millones de personas y con una cultura completamente distinta a la nuestra. Esperamos que a lo largo de 2004 se den todas las condiciones para tomar una decisión de este calibre”, explica Joaquín Páez.

“La opción de China, a largo plazo, puede recomponer nuestra estrategia en relación con los clientes, los proveedores y los competidores. El 90% de nuestro trabajo se realiza en Lorca. No externalizamos la producción y como ofrecemos un servicio integral tampoco tenemos necesidad de subcontratar otras actividades. Si decidimos ir a China tendríamos que redimensionar las estructuras”, apunta el propio Páez, “porque un servicio como el que ofrecemos necesita una respuesta rápida, personalizada y específica”.

En cualquier caso, Olcina no se cierra a un modelo único de externalización. “Los proyectos de China y Brasil son diferentes, pero adecuados a su mercado respectivo. Los mercados tienen características particulares, son más o menos abiertos o cerrados. Si nuestra empresa quiere entrar en ellos, hay que buscar la práctica más conveniente. En unos casos, nos encontramos la posición dominante de los competidores italianos, en otros, el peso de la industria local o las barreras arancelarias, etcétera.”, añade el propio Páez.

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