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>> Riqueza amenazada
Los 4.000 kilómetros de la larga lengua de tierra chilena ofrecen todas
las modalidades de climas y sus sistemas naturales, a excepción del
ecuatorial. Con tanta diversidad medioambiental, no es de extrañar que
la preocupación chilena por el medio ambiente sea casi centenaria.

Los precedentes
legales sobre protección del medio ambiente surgen en 1916. Sin embargo,
el régimen pinochetista (1973-89) desatendió el cuidado del entorno
natural. Así que el importante desarrollo económico chileno ha ido acompañado
de un aumento en progresión geométrica de sus vertidos de gases y minerales
pesados, con problemas que ya son desconocidos en Europa occidental,
como concentraciones letales de plomo y cadmio en la atmósfera y las
aguas.
El área metropolitana de Santiago es el epicentro de la economía y de
la contaminación del país. El área del gran Santiago contaba en 1999
con 6 millones de personas, con lo que los residuos tóxicos de origen
doméstico e industrial son un grave problema, mayor que en el resto
de las ciudades chilenas. Eso unido al especial régimen de vientos que
provoca la barrera andina, hace que esta ciudad sufra uno de los mayores
niveles de gases tóxicos del mundo.
La concentración industrial y la falta de experiencia en la gestión
de los servicios públicos ante esa concentración poblacional es un problema
de primer orden.
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Problemas heredados
Pero la lista de problemas ambientales ligados al desarrollo económico
de Chile es larga:
- La gestión de los
recursos hídricos del país está privatizada
y no ha habido coordinación entre las diversas empresas que
los explotan. Esto ha provocado la necesidad perentoria de leyes que
coordinen y regulen las actividades de estas firmas privadas en la
solución de necesidades hídricas básicas.
- La sobreexplotación
de los recursos pesqueros. Esto ha motivado la obligatoriedad
de paradas biológicas y el sometimiento a medidas especiales
en caso de situaciones de sobreexplotación, que están
recogidas en la Ley de pesca y acuicultura.
- Las talas incontroladas
de las últimas décadas han provocado unos efectos devastadores
sobre la masa de bosque nativo.
Pese a todos estos
puntos negativos, el país todavía está a tiempo de enderezar el rumbo
y conseguir un desarrollo sostenible que evite situaciones de deterioro
ambiental irreparables.
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