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>> Confecciones íntimas
La familia González se caracteriza por un fuerte espíritu emprendedor
que se transmite de generación en generación. Con los años han
adquirido una dilatada experiencia en el sector de la confección
y han convertido su fábrica de lencería, Manufacturas Teleno,
en una de las mayores del país.
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Eva
González, gerente de Manufacturas Teleno S.L. |
Eva González
forma parte de la segunda generación de esta familia y es actualmente
miembro del consejo y gerente de la empresa. Ella nos cuenta con
orgullo como su padre, algunos de sus tíos y otros parientes decidieron
abrir la factoría: "Eran todos muy jóvenes, de unos veinte años.
Trabajaban como representantes con todo tipo de productos textiles:
boinas, pantalones, géneros de punto, corsés, etc. Una de las
fábricas de lencería con la que trabajaban tenía problemas de
abastecimiento y algunos de ellos vieron posibilidades en el sector.
Así que decidieron montar su propia empresa de fabricación de
corsetería". Esto sucedía en 1969.
Eligieron
Onzonilla como sede para aquella primera nave y desde entonces
han seguido creciendo, pero nunca se han trasladado. Este pueblo,
a unos ocho kilómetros de la capital leonesa, ha sido testigo
de la evolución de Manufacturas Teleno, que ya cuenta con cinco
naves en la misma localidad "y estamos a la espera de construir
otro nuevo almacén al otro lado de la carretera", añade Eva.
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Veinte años de clásicos
La
fábrica empezó a funcionar con una plantilla de
veinte personas. "La fabricación de corsés
es una tarea complicada; se requieren muchas piezas para un solo
producto y Manufacturas Teleno adquirió una gran reputación
porque cuidaba muchísimo la calidad". Los setenta
fueron los años de lucha, de introducción en el
mercado, los años del trabajo más duro.
Diez años
después la marca Teleno ya se había consolidado
en el territorio nacional y había establecido una red de
ocho agentes distribuidores por todo el país. Sus corsés,
fajas, sujetadores y combinaciones respondían a un corte
clásico, pero con excelente relación calidad-precio.
Con la intención siempre de preservar este cuidado de las
prendas y poder responder a la creciente demanda del mercado,
en la década de los ochenta se apostó por la robotización
de los procesos de fabricación. "Con la introducción
de nuevas máquinas de corte nos distanciamos de la competencia
nacional, al aumentar nuestra capacidad de producción,
mantener la reducción de costes y mejorar la calidad de
las piezas. Fue una innovación pionera y algunas marcas
extranjeras nos visitaron para conocer el funcionamiento de estas
máquinas de corte preciso que aprovechan el tejido al máximo".
Son éstos
también los años en los que la empresa implanta
una de sus estrategias para abaratar costes, que, además,
ha permitido que sea bien conocida en la zona. Si las máquinas
consiguieron acelerar el proceso de corte, la subcontratación
de talleres posibilitó atenuar el coste de la confección.
Los primeros talleres se instalaron en los conventos de la provincia:
"La confección de ropa interior es muy intensiva en
cuanto a la mano de obra; cada prenda se puede componer de hasta
treinta piezas diferentes que hay que ensamblar". Es un proceso
costoso y se tomó la decisión de descentralizarlo
de la empresa. "Nosotros formamos a los trabajadores y creamos
los talleres bajo nuestra tutela, asumiendo todos los gastos de
implantación. El embrión de esta estrategia fueron
algunos conventos de la zona, pero ahora trabajamos con todo tipo
de grupos sociales. Muchos pueblos de León padecieron la
reconversión minera, así que contactamos a través
de ayuntamientos o asociaciones con comunidades de parados, mujeres
jóvenes, etc. interesados en trabajar. Hoy son más
de cien talleres absolutamente fieles a la compañía".
La trayectoria
de Manufacturas Teleno se ha caracterizado en sus treinta años
de existencia por estar íntimamente ligada a León.
En el plano social está muy enraizada en la provincia;
el 90% de los talleres se sitúa en la región, la
empresa patrocina el equipo de balonmano femenino y la relación
con ayuntamientos e instituciones es muy estrecha.
Durante estas
décadas la política de la fábrica se concentró
únicamente en mimar el producto. Se caracterizaba por un
exhaustivo cuidado de la calidad y por el mantenimiento de precios
económicos y competitivos; sin embargo, no existía
imagen de marca, ni tampoco intenciones de exportar. Hubo que
esperar a que se produjera el relevo generacional para que la
táctica comercial diera un giro.
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