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>> Segar fino y cuidado
En África, es Etiopía el país donde más
vende La Pajarita, ya que después de la guerra con Eritrea,
este país, cuna del Nilo, está desarrollando su
agricultura. En esta línea, su Ministerio de Agricultura
ha creado unas empresas anexas al mismo para comercializar semillas,
fertilizantes y pequeña herramienta agrícola. "En
estas últimas estamos implicados y en 2001 les hemos vendido
300.000 hoces y para este año 2002 esperamos llegar a las
700.000 porque ya tenemos contratadas 500.000 hoces. En Etiopía
se consume el tifz que es una planta aromática parecida
al ajonjolí, que son como los cañamones de panizo.
Es una planta con una raíz delicada, se hace una pasta,
la hornean, la enrollan, le ponen agua y la comen, siendo el elemento
alimenticio básico de este país. Es un producto
que no se puede segar con hoces malas, porque tiene una raíz
muy pequeña y delicada".
"Antes,
desde Marruecos atendíamos a Libia y Argelia, pero como
de ahí nos tuvimos que ir, empezamos a considerar otros
países como Senegal, Costa de Marfil, Malí, y ahora
vendemos a una cuarentena de países en todo el mundo".
La Pajarita
alcanzó el año pasado un récord de fabricación
con 1.480.000 hoces, cifra que, según afirma el director
gerente, Tomás Romero, será superada en 2002. Esta
producción representa una facturación del orden
de los 400 millones de pesetas. "Y aunque los chinos son
una competencia muy directa y fuerte, nosotros nos dirigimos al
mercado inteligente, el de productos que no se pueden segar con
hoces malas porque tienen una raíz pequeña y sensible".
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El problema del plagio
"Hemos sufrido bastantes descalabros con los plagios
y tenemos dificultades para defendernos, porque somos una industria
pequeña a la que no ayuda nadie, ni la Administración Central
ni la Autonómica", se queja Tomás Romero. "Nadie, si exceptuamos
la Asociación Nacional de Defensa de la Marca (ANDEME), que me
ha echado una mano para defender una marca con tradición desde
los años cuarenta, precisamente cuando en Europa ya sólo quedan
tres fabricantes de estas herramientas, entre otras cosas porque
los hemos ido eliminando por precio y calidad".
Posiblemente,
uno de los casos más graves de plagio se ha dado en China, Tomás
Romero cuenta que "China nos ha copiado las hoces, pero lo más
grave es que ha falsificado las etiquetas made in Spain
e, incluso, han puesto la bandera española en mangos como los
nuestros". "Estamos pleiteando por nuestra cuenta y riesgo, sin
ayuda oficial, a pesar de las buenas palabras". Y se lamenta de
que esto no guarde coherencia con la defensa del made in Spain.
"Esto ha significado que en muchos países de África, como Senegal,
los chinos nos han barrido con sus plagios de nuestros productos".
Y Tomás
Romero añade una anécdota, que es algo más
que eso, sobre las difíciles condiciones de competencia
en este tipo de productos: "Hace veinte años hubo
un importante concurso para el suministro de hoces en Mozambique;
teníamos mucha calidad y un precio bueno, mejor que los
portugueses y los italianos, pero no nos comíamos un rosco.
En cambio, los portugueses, que tenían una oficina de representación,
con comisiones se llevaron el gato al agua (no hay que olvidar
que Mozambique fue colonia portuguesa). Yo espabilé y me
ofrecí al fabricante portugués para hacérselas,
aunque él pusiera su marca, más baratas que a él
le costaba fabricarlas".
"Algo
parecido nos ocurrió con Reino Unido, que tenía
copado el mercado de Sudáfrica y Malawi, por lo que también
busqué un acuerdo con el fabricante inglés, que
no fue difícil, porque para ellos las hoces sólo
representaban el 5% de su cifra de negocio". "Por todo
eso, ahora fabrico para 4 o 5 empresas europeas con sus propias
marcas, por lo que me he convertido en el primer fabricante de
hoces de Europa, seguido de un italiano".
El director
gerente de La Pajarita añade un comentario, que aunque
se refiere al mercado interno, incluye datos interesantes sobre
las posibilidades de las hoces como herramienta de corte en productos
menos habituales que los cereales, válidos también
para los mercados exteriores. "Contra lo que se pudiera pensar
en España aún se consumen hoces. Más de 71.000
hoces el año pasado, que no van a la España húmeda
como pudiera pensarse, sino a Andalucía y Extremadura.
Por ejemplo, en Almería las utilizan para segar tomates,
porque hay que cortar las matas a ras de tierra para que los desbrozadores
no se puedan llevar las raíces; si no las cortan así,
éstas se enrollan en los propios ejes de la máquina;
y en Badajoz para segar la planta de tabaco. Luego, por ventas
vendrían, Sevilla, Granada, Valencia... Y en la Comunidad
de Madrid hemos vendido el año pasado 1.800 hoces. Estas
cifras son más o menos estables, aunque van descendiendo
lentamente".
Pero existen
muchos otros países que están comenzando su desarrollo
agrario, como ocurre con Tanzania con ayuda de la FAO y líneas
de crédito multilaterales. "Nuestro negocio depende
mucho de las cosechas y el año pasado fueron favorables
en muchos países del mundo, como por ejemplo, Perú,
México y Etiopía. Además de lo ya dicho,
en este último país usan las hoces para cortar el
café, su principal producto de exportación, que
tiene un grano pequeño muy oloroso, hasta el punto que
lo venden a Colombia para mezclar con los suyos y darles un mayor
aroma".
"En África,
mercados buenos para nosotros son también Ghana y Senegal,
pero vender en otros, como Guinea-Conakry y Nigeria, que podrían
ser interesantes, es más arriesgado, porque sus comerciantes
son menos serios, por lo cual sólo hemos hecho operaciones
esporádicas".
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