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>> Hoces para todos
A finales de 1940 un manchego, José Romero de Ávila Moreno, en
una España agrícola y en plena reconstrucción post-bélica fundó
una empresa que fabricaba hoces, con marca La Pajarita. El nombre
viene -según nos cuenta su hijo, Tomás Romero de Ávila, actual
director gerente de la misma- de que su padre, soldado republicano
durante la guerra civil, hacía pajaritas con las octavillas del
bando nacional.
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Tomás Romero de Ávila
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Seis años
después de su fundación la empresa empezó
a exportar y, desde 1979, La Pajarita, se convirtió en
líder de la exportación en volumen de la partida
arancelaria 82.01, herramientas agrícolas, situación
que sigue ocupando en la actualidad. En el antiguo Registro Nacional
de Exportadores tenía el número 1.119 de la segunda categoría,
en la que sólo estaban las empresas que cada año
aumentaban su exportación al menos en un 10%, informa Tomás
Romero.
La fábrica
sigue estando cerca de La Solana, localidad manchega de 16.000
habitantes a 30 kilómetros de Manzanares, que es donde
se fabricaban gran parte de las hoces de España. "Allí
había -nos cuenta Tomás- casi cuarenta fábricas
o talleres que suministraban a toda España. Y es que allí
habían llevado esta industria en 1820 unos húngaros
que se establecieron para aprovechar el caudal del río
Azuer -ahora ya no lleva agua-, que nace en la sierra de Cazorla
y es afluente del Guadiana. Su agua se necesitaba en el proceso
para afilar las hoces con piedras, en molinos de asperón".
Las demás fábricas también tenían
nombres curiosos: El timón, La custodia, La media luna,
El porrón, etc.
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Internacionalización temprana
El padre de nuestro entrevistado, cuando hacia el servicio militar
en Melilla, observó que allí se cargaban hoces procedentes
de España para países del Magreb como Argelia. "Era
muy curioso, porque los fabricantes de entonces llevaban las hoces
en carros a la estación de ferrocarril de Manzanares y
tenían chinchetas en los bolsillos, martillos y tarjetones
que no clavaban hasta el último momento para que nadie
pudiera captar donde iban destinadas las cajas conteniendo hoces".
"De ahí que le viniera la idea de crear, en 1940,
el taller, cosa que hizo en una cuadra que les dio un amigo, para
con un yunque, un fuelle y poco más, fabricar hoces, que,
lógicamente, se hacían a mano".
Poco tiempo
después, José Romero ocupó el cargo de presidente
del sindicato vertical del metal y el delegado nacional de sindicatos
le facilitó un camión de acero de 3 mm de espesor,
procedente del desguace de un barco en Bilbao, para fabricar las
hoces que entonces eran tan necesarias. Eso hizo aumentar notablemente
la producción.
La internacionalización
también comenzó pronto y, cuenta Tomás Romero,
"en 1944 mi padre marchó a Melilla y tuvimos, casi
por necesidad, que montar otra fábrica en Larache y ahí
permanecimos 18 años. En aquella época, Marruecos
no era independiente y los países que ejercían su
protectorado (Francia y España) tenían prioridad
para vender sus productos en su zona antes que cualquier otro.
Con el primer gobierno independiente de Mohamed V se impuso que
las empresas tenían que tener el 51% de capital nacional
y eso hizo que la familia Romero cerrara su fábrica de
Larache, después de 18 años de actividad".
Esto obligó
a las hoces de La Pajarita a buscar nuevos horizontes comerciales
y se empezó a visitar Hispanoamérica, papel que
ya protagonizó nuestro entrevistado, Tomás Romero.
Estuvieron a punto de montar una fábrica en México,
pero un cambio de política económica a favor del
proteccionismo, promovido en los años ochenta por el presidente
Miguel de la Madrid, hizo que no prosperara el proyecto.
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