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Fiel a sus raíces
Como
si de un enorme calidoscopio se tratara, La Rioja sorprende
a cada paso, y ante cada nueva mirada, multiplicando sus
matices. Una impresión que se refuerza a medida que
nos acercamos al pequeño municipio de Autol, próximo
a Calahorra, donde, arropado de viñedos, emerge uno
de los centros productores de champiñón más
importantes de España. Aquí, y en torno a
esa incipiente industria, arranca la historia de Eurochamp.
Más
de veinte años de experiencia mecen a esta empresa
riojana que, tras una gestación difícil, veía
la luz el 1 de septiembre del pasado año, sellando
la alianza entre Unichamp y Champiunión, dos de las
sociedades agrarias de transformación (SAT) más
representativas del sector.
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"Ha
costado tiempo porque para este tipo de entidades la
fusión no estaba regulada. Consultamos a notarios,
gabinetes de abogados
, y se elaboraron unos estatutos
a la carta. Ha sido un duro camino, pero que servirá
de precedente para otras operaciones de este tipo",
comenta Mariano Sánchez,
director general de la nueva compañía.
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"Por
un lado, -asegura- buscábamos concienciar a los cultivadores,
nuestros socios, de que la unidad era necesaria para defender
nuestros intereses en Europa, y, por otro, queríamos
lograr una homogeneización en la calidad del producto
para ofrecer una ventaja competitiva a los clientes. Y eso
es lo que hemos conseguido con la fusión". Eso,
y el liderazgo indiscutible dentro del mercado español
de champiñón transformado (en el que Eurochamp
copa el 45% de la producción), herencia directa de
sus predecesoras.
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De buena familia
La más antigua, Unichamp, surgía en 1976,
"coincidiendo con un declive de las grandes empresas
conserveras de entonces. La inestabilidad en los precios
obligó a los agricultores a unirse e invertir en
sus propias explotaciones, al igual que sucedió en
1992, cuando se funda Champiunión. Ése fue
el origen de estas sociedades de champiñón",
explica Mariano Sánchez. Gracias a ellas, los cultivadores
comenzaron a poner en marcha plantas de compostaje
y de envasado, todo un acierto, a la postre, en opinión
del director general de Eurochamp. "El secreto de nuestro
éxito -afirma- es que controlamos la materia prima,
desde la elaboración del compost o la obtención
de la semilla, hasta que el producto llega al consumidor".
En el
caso de Unichamp, aquellos primeros pasos se encaminaron
directamente hacia el exterior. "Estuvimos quince años
sólo exportando, no se vendía ni un kilo aquí.
Así, llegamos a suministrar a más de veinte
países", recuerda Juan San Miguel, consagrado
desde entonces al departamento de exportación. "Al
principio, continúa, íbamos casi a pedales;
empezamos sin dirigirnos al consumidor final, vendiendo
directamente la materia prima. Después se fue evolucionando,
había un poquito más de dinero, y pasamos
a comercializar el producto ya enlatado".
"Muchas
veces me preguntan -interviene Mariano Sánchez- por
qué vendemos poco en España; el motivo es
que aquí no existe una verdadera cultura de consumo
de champiñón, por eso hay que salir a otros
mercados en los que tiene mejor acogida, como Francia, los
Países Bajos, Iberoamérica o los Estados Unidos".
Las cifras, de hecho, hablan por sí solas: mientras
que el consumo medio de champiñón en España
es de 1,1 kilos por habitante y año, la media europea
se sitúa en torno a los 3 kilos. "En otros países,
en vez de servir patatas fritas como acompañamiento,
ponen champiñón", ilustra Juan San Miguel.
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