N.40
Marzo 2001
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La inestabilidad en los precios obligó a los agricultores a unirse e invertir en sus propias explotaciones. Ése fue el origen de estas sociedades de champiñón


Calidad e innovación son los dos pilares sobre los que la sociedad pretende consolidar su nueva imagen corporativa

 

 

 TRAS LAS HUELLAS DE ... EUROCHAMP SAT  


>> Fiel a sus raíces
Como si de un enorme calidoscopio se tratara, La Rioja sorprende a cada paso, y ante cada nueva mirada, multiplicando sus matices. Una impresión que se refuerza a medida que nos acercamos al pequeño municipio de Autol, próximo a Calahorra, donde, arropado de viñedos, emerge uno de los centros productores de champiñón más importantes de España. Aquí, y en torno a esa incipiente industria, arranca la historia de Eurochamp.

Más de veinte años de experiencia mecen a esta empresa riojana que, tras una gestación difícil, veía la luz el 1 de septiembre del pasado año, sellando la alianza entre Unichamp y Champiunión, dos de las sociedades agrarias de transformación (SAT) más representativas del sector.

"Ha costado tiempo porque para este tipo de entidades la fusión no estaba regulada. Consultamos a notarios, gabinetes de abogados…, y se elaboraron unos estatutos a la carta. Ha sido un duro camino, pero que servirá de precedente para otras operaciones de este tipo", comenta Mariano Sánchez, director general de la nueva compañía.

"Por un lado, -asegura- buscábamos concienciar a los cultivadores, nuestros socios, de que la unidad era necesaria para defender nuestros intereses en Europa, y, por otro, queríamos lograr una homogeneización en la calidad del producto para ofrecer una ventaja competitiva a los clientes. Y eso es lo que hemos conseguido con la fusión". Eso, y el liderazgo indiscutible dentro del mercado español de champiñón transformado (en el que Eurochamp copa el 45% de la producción), herencia directa de sus predecesoras.

>> De buena familia
La más antigua, Unichamp, surgía en 1976, "coincidiendo con un declive de las grandes empresas conserveras de entonces. La inestabilidad en los precios obligó a los agricultores a unirse e invertir en sus propias explotaciones, al igual que sucedió en 1992, cuando se funda Champiunión. Ése fue el origen de estas sociedades de champiñón", explica Mariano Sánchez. Gracias a ellas, los cultivadores comenzaron a poner en marcha plantas de compostaje y de envasado, todo un acierto, a la postre, en opinión del director general de Eurochamp. "El secreto de nuestro éxito -afirma- es que controlamos la materia prima, desde la elaboración del compost o la obtención de la semilla, hasta que el producto llega al consumidor".

En el caso de Unichamp, aquellos primeros pasos se encaminaron directamente hacia el exterior. "Estuvimos quince años sólo exportando, no se vendía ni un kilo aquí. Así, llegamos a suministrar a más de veinte países", recuerda Juan San Miguel, consagrado desde entonces al departamento de exportación. "Al principio, continúa, íbamos casi a pedales; empezamos sin dirigirnos al consumidor final, vendiendo directamente la materia prima. Después se fue evolucionando, había un poquito más de dinero, y pasamos a comercializar el producto ya enlatado".

"Muchas veces me preguntan -interviene Mariano Sánchez- por qué vendemos poco en España; el motivo es que aquí no existe una verdadera cultura de consumo de champiñón, por eso hay que salir a otros mercados en los que tiene mejor acogida, como Francia, los Países Bajos, Iberoamérica o los Estados Unidos". Las cifras, de hecho, hablan por sí solas: mientras que el consumo medio de champiñón en España es de 1,1 kilos por habitante y año, la media europea se sitúa en torno a los 3 kilos. "En otros países, en vez de servir patatas fritas como acompañamiento, ponen champiñón", ilustra Juan San Miguel.