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El presidente
del Gobierno, tras hacer un análisis del cambio experimentado
por el país y las empresas españolas en los últimos años, ofreció
a los asistentes "cuatro reflexiones que creo fundamentales:
- nuestro
futuro exige una España dinámica y abierta;
- necesitamos
unas empresas competitivas e internacionalizadas;
- hemos
de conseguir una Administración preparada para el siglo XXI;
y, por último,
- la realidad
de la España actual es y lo va a ser cada vez más, un activo
para la empresa española".

En el marco
de esas reflexiones, José María Aznar adelantó
una serie de propuestas concretas, de las que destacamos las que
están más vinculadas con la internacionalización
de las empresas españolas. Con relación a la necesidad
de un país más dinámico y abierto, señaló
su compromiso de "mejorar nuestro marco fiscal y administrativo
con el fin de que España aumente su atractivo como sede
de grandes proyectos de vocación internacional, tanto españoles
como extranjeros", para añadir más adelante
que "el camino sólo puede consistir en perseverar
en las políticas de rigor presupuestario y de profundización
de las reformas liberalizadoras que incrementen la competencia
en cada uno de los mercados".
El presidente
del Gobierno, al abordar la necesidad de empresas competitivas
e internacionalizadas, declaró que "los hechos acontecidos
en los últimos tres años en el sector exterior invitan
a ser plenamente optimistas. Nuestro grado de apertura al exterior,
la cuota de mercado de las exportaciones españolas y el
proceso de expansión en Iberoamérica, constituyen
muestras de la capacidad de las empresas españolas de sacar
fruto del fenómeno de la mundialización". Y
añadió seguidamente que "Europa tiene que seguir
luchando por un comercio internacional cada vez más abierto
y libre, tanto en la Organización Mundial de Comercio como
profundizando en sus acuerdos con México, Mercosur y Chile".
Tras señalar
que el empresario español aprovecha cada vez mejor las
oportunidades de la competencia internacional, José María
Aznar subrayó la necesidad de "emprendedores",
de que "España se incorpore como el primero a las
nuevas tecnologías" y de que las empresas "asuman
como normal una vocación internacional". Respecto
a la primera necesidad, el Presidente anunció su propósito
de "impulsar un auténtico estatuto de la empresa nueva,
de la empresa novel, para facilitar al máximo su puesta
en marcha".
Por otro lado,
el impulso a la incorporación de las nuevas tecnologías
quedó resaltado con la afirmación de que "el
apoyo al I+D y a la innovación tecnológica ha sido
patente y nos proponemos continuarlo en el futuro facilitando
que sea la empresa, y no el Estado, la que tome el liderazgo en
el impulso tecnológico en España".
El presidente
del Gobierno subrayó que la actividad exportadora no puede
ser una actividad especial, reservada sólo a algunas empresas.
"Hay que superar el concepto de empresa exportadora para
trasladarnos al de internacionalización de la empresa.
Esta idea debe calar en la conciencia no sólo de nuestros
grandes empresarios, sino, sobre todo, de las empresas pequeñas,
también de los pequeños proyectos empresariales
que empiezan a crearse hoy". Y, consecuentemente con esta
consideración anunció que, "en los próximos
años, debemos perseverar en la mejora de nuestro sistema
tributario para todos. Queremos que la empresa internacionalizada
se beneficie también de esta mejora, porque estamos comprometidos
con el riesgo que toma la empresa que compite en mercados extranjeros".
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La reforma de la Administración
José María Aznar planteó a continuación
la necesidad de "disponer de una Administración moderna
y eficaz, a la altura de la nueva realidad del siglo XXI".
Tras citar el PIPE 2000 como ejemplo de diálogo y colaboración
entre los distintos niveles de la Administración, abogó
por "una Administración comprometida con el proceso
de internacionalización de la empresa española".
En esta vinculación entre Administración y política
de internacionalización, se declaró convencido de
que "la política de internacionalización no
puede ser nunca más una política sectorial, sino
una política horizontal que es pieza fundamental y dota
de coherencia a toda la política económica del Gobierno".
De acuerdo con ese pensamiento, identificó como políticas
para la internacionalización las de estabilidad económica,
de reformas y liberalización, y la fiscal, además
de la creciente presencia en los organismos y foros de negociación
multilateral, y, lógicamente, las de financiación
y promoción de la presencia de las empresas españolas
en los mercados exteriores. Y añadió: "me propongo
profundizar en esa línea y reforzar un auténtico
servicio profesionalizado de apoyo a la internacionalización
de la empresa, estrechamente vinculado a las pyme y a la innovación
tecnológica y en íntima conexión con la política
económica general. En los próximos años tendremos
que potenciar y mejorar la utilización de los instrumentos
públicos disponibles para mejorar la financiación
de la aventura internacional de nuestras empresas"
Tras referirse
a la imagen positiva que tiene España en el mundo, merced
a la actividad exterior de las empresas españolas y a la
importancia creciente del español en el mundo y en Internet,
"un valor que los empresarios deben estar en condiciones
de aprovechar", José María Aznar concluyó
su intervención haciendo un llamamiento al esfuerzo de
todos para aprovechar las oportunidades que hoy ofrece la globalización
a las empresas.
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