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La
coyuntura económica de este gran país latinoamericano de América
del Norte es muy positiva, a pesar de ser un año electoral.
Tras la crisis
de 1994, que fue bautizada como "el tequilazo", la economía mexicana
apostó por abandonar definitivamente el proteccionismo basado en
los recursos petroleros descubiertos en el golfo de México en los
años 70 y aumentar su presencia en los mercados internacionales.
Así, el presidente Ernesto Zedillo ha convertido a la azteca en
una de las economías más
abiertas entre los mercados emergentes. De hecho, es
el país en vías de desarrollo que recibe más inversión extranjera,
sólo por detrás de China, y el único que pertenece a la CEOE.
México
ha negociado varios tratados de libre comercio:
- Tratado
de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), también
conocido como NAFTA (por sus siglas en inglés), con Estados
Unidos y Canadá, en marcha desde 1994 y con 400 millones
de consumidores.
- Acuerdos
con varios países de Latinoamérica (v.g. Chile)
- Va a firmar,
en la cumbre comunitaria de Lisboa del 24 de marzo, un muy importante
Acuerdo de Libre Comercio con la Unión Europea, que puede
entrar en vigor el próximo julio.
En un país que
el año pasado aún registró un incremento de los precios superior
al 12%, en conjunto, los datos a cierre del año 1999 han sido más favorables
que los previstos.
La evolución en términos reales de la economía mexicana durante
los últimos años es de las más sólidas de toda América Latina, muy
por encima de la media de crecimiento de los países de la región,
si bien presenta tasas de inflación de las más altas.
Para Ramón Botas, Consejero de la Oficina Económica y Comercial
de la Embajada de España en Ciudad de México, la clave de la favorable
evolución de la economía mexicana en el último año es doble.
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