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Un golpe de suerte
En el caso de Panda, la suerte vuelve a sonreírle. "Tuvimos
la gran fortuna -explica Urizarbarrena- de lograr un acuerdo,
que duró hasta el 94, con los fabricantes IBM y Tandom por
el que cada PC que vendían en España tenía nuestro antivirus.
De esta manera, vendimos aproximadamente 500.000 unidades
de nuestros antivirus, sin darnos cuenta. Las empresas empezaron
a conocernos. La labor de márketing ya estaba hecha".

Durante
esos primeros cuatro años Panda empieza a crecer, a crear
empleos y a tomar posiciones en el mercado español hasta
que en 1995 hay un cambio en la industria informática que
la obliga a replantearse su trayectoria y su porvenir. "Hasta
entonces -recuerda su presidente- los virus que había en
España eran virus creados, generalmente, aquí. No había
herramientas que permitieran la difusión masiva de un virus.
Nosotros éramos muy competitivos tratando los virus españoles,
incluso mejores que los americanos, que eran los que dominaban
la industria".
Sin embargo, a partir del 95, señala el empresario
vasco, "ya no valía ser un antivirus local porque
se veía que esto no aportaba ninguna ventaja, sino
todo lo contrario". El campo de batalla se había
transformado debido al despegue de Internet, al uso creciente
del correo electrónico y a la aparición de
los llamados virus de macro. A diferencia de sus predecesores
que se propagaban a través de archivos ejecutables
(programas), los virus de macro infectaban documentos de
Word, Excell o Power Point, es decir, los documentos de
ofimática más utilizados y, también,
más intercambiados entre usuarios.
Quienes utilizaban los programas de Office, el tratamiento
de textos, la hoja de cálculo o el paquete de presentaciones,
requerían más potencia para poder automatizar
ciertas tareas. Para esto se crean las macros, "un
lenguaje de programación que permite sacarle más
partido a los documentos" y que también los
autores de virus aprovechan porque "les da acceso a
las tripas del documento", intenta simplificar Urizarbarrena.
En realidad, los virus de macro no van más rápido
que los demás, pero el hecho de que afecten a documentos
en lugar de programas permite que pasen de un ordenador
a otro con mayor celeridad.
La unión de estos elementos: el contagio por documentos,
el correo electrónico e Internet, hacen que en apenas
unas horas los virus sean capaces de infectar a cientos
e incluso miles de ordenadores, dentro y fuera de las fronteras
de un país. "A partir de 1995 ya no hay virus
per se españoles. Da igual que sean españoles
o rusos porque se distribuyen por todo el mundo". Panda
se encontraba así ante el mayor reto de toda su trayectoria.
¿Qué hacer?
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