Anímese a intentarlo.
El experimento vale la pena. Si tiene usted un producto de calidad, no renuncie a colocarlo en la segunda economía del mundo. En Tokio, hay más restaurantes con estrellas Michelín que en París; más boutiques de grandes marcas que en Manhattan. Al exportar a Japón, usted está colocando sus productos en uno de los grandes escaparates del mundo.
Programe cuidadosamente sus acciones.
Estudie los segmentos del mercado en los que le interesa introducirse y elija los canales de acceso y sus socios potenciales en consecuencia. Los japoneses tienen aversión a las sorpresas y la improvisación. Planifique para evitar cambios de rumbo innecesarios.
Busque un agente local.
Él se enfrentará a los problemas del día a día y despachará los trámites legales y administrativos. Recuerde que en Japón muy poca gente habla inglés. Su agente le servirá de ojos y oídos para posicionar su producto en el nivel más atractivo para sus clientes últimos.
Proporcione información exhaustiva.
Se la demandarán sobre sus productos y sus técnicas de producción. Le harán las mismas preguntas, o ligeras variantes de las mismas, infinidad de veces. También querrán visitar sus plantas e instalaciones en España y usted deberá facilitárselo. Si le proponen la introducción de modificaciones en la presentación de sus productos, recuerde que están ustedes en el mismo barco, y que ellos están más cercanos al cliente.
Ármese de paciencia.
Recuerde que no se tomó Zamora en una hora, y que si conquistar el mercado japonés estuviera al alcance de cualquiera, los frutos de la victoria serían bien magros. Sirva todos los pedidos de muestras que le requieran y viaje a Japón con frecuencia para atender las necesidades de sus clientes. Ellos sabrán apreciarlo en cada momento y usted cosechará los frutos de su diligencia en el futuro.
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