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¿SABÍA USTED?
Bajo las luces del triunfo


Victoria, éxito, gloria son ideas con las que sueña el deportista mientras a diario se entrena en cualquier lugar del mundo. Allí solo en lo más alto del podio, con el laurel en la cabeza, la medalla, de oro reluciente, colgada del cuello y una sonrisa de sobrio orgullo dibujada en su cara. Durante su interminable entrenamiento imagina esa escena, la visualiza, casi la acaricia.

Antes de que llegue, o no, ese instante, el 8 de agosto de 2008, el primer ministro Hu Jintao pulsará el interruptor de los Juegos de la XXIX Olimpiada, declarándolos oficialmente inaugurados. Una empresa española, Simon, cuidará de que ese día no falle ni un enchufe. Comenzará entonces una carrera de victoria y de derrotas, de risa y de lágrimas, de éxito y de fracasos. Y cuando quince días después, vuelva a iluminarse el Estadio Nacional de Pekín para la ceremonia de clausura, Simon volverá a estar al cargo. Para que nada estropee ese momento mágico; y para que los perdedores se puedan esconder tranquilamente a la sombra de aquellas luces y rumiar la derrota a sus anchas. ALEJANDRO VIVANCOS