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Sin perder ni una gota |
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Juan Tapias no es ningún novato. “Yo empecé en el mundo del riego en 1965, como director técnico de una empresa del sector. Fundé Raesa con la familia Poza, que tiene todavía una empresa comercializadora de maquinaria agrícola y sistemas de riego”, detalla el directivo. Desde entonces, su objetivo es ser líder mundial. En la actualidad, vende en 55 países y cuenta con filiales en cinco países, pero el recorrido ha sido lento. “Nuestro objetivo inicial fue consolidar el mercado nacional”, cuenta Tapias. Cuando nace la empresa, existía un auge inversor en el campo español, que empezaba a equiparse con mecanismos de riego modernos. Con la entrada en la entonces Comunidad Económica Europea, las ayudas agrícolas dotan al campo de mayores fondos para la modernización de los sistemas de cultivo. En Francia, hubo un proceso parecido que benefició también a la empresa. Este desarrollo dura hasta 1993, cuando las ventas nacionales comienzan a declinar. En los últimos años, han caído en picado. “El recorte de las ayudas europeas nos está afectando a las ventas. Los políticos tienen al agricultor despistado, porque todos los días llueven amenazas de quitar los subsidios. No hay cosa peor para la economía que la incertidumbre”, se queja Juan Tapias. La sequía que se ha producido a lo largo del pasado año tampoco ha favorecido su negocio, ya que la escasez ha desincentivado el riego, aunque sus sistemas favorecen una mayor eficiencia en el uso del agua.
Los primeros contactos y negocios con el extranjero surgían en ferias y viajes. De este modo, ganaron terreno en el exterior. En la actualidad, Raesa participa en estos eventos, pero con fines de relaciones públicas. “Hay ferias que no tienen retorno cuando se está consolidado en el país. Te vale para saludar a los clientes”, opina Tapias. Reconoce que en los primeros años había clientes que acudían a estos eventos y hacían sus pedidos. En la actualidad, ha notado un descenso en el número de visitantes en las ferias sectoriales por la situación tan inestable que se vive en Europa con respecto a las subvenciones agrícolas. Raesa vende en 55 países a través de distribuidores locales. La mitad de lo que fabrican en España se exporta. El suministro de piezas se hace desde España o desde las fábricas instaladas en Iberoamérica, “pero el distribuidor se encarga de efectuar la venta y del servicio técnico”, relata Tapias. Por lo general, son los distribuidores quienes asumen los proyectos pequeños. Si el proyecto tiene grandes dimensiones, se asume desde las filiales. En México, por ejemplo, cuentan con una oficina técnica con varios ingenieros. En España, además, cuentan con una empresa especializada en grandes proyectos de riego, denominada Europrisma.
En Argentina vivieron la crisis de la deuda de principios de siglo. “La última crisis nos vino muy mal, porque levantarte un buen día y que te digan que todo lo que tienes ahí vale un 25% menos…”, relata. Sin embargo, mantuvo la planta en producción. La demanda interna argentina se paralizó, pero optaron por reorientar el negocio. “Tratamos de potenciar al máximo los mercados exteriores, aunque esto no se consigue en dos días. Pero había que ocupar al personal que tenemos allí. Montamos un taller de utillajes que vendiera a todo el mundo y también abrimos una fundición de aluminio que suministrara piezas para todo el grupo. Incluso fundíamos para proyectos externos que no tenían que ver con el riego”, detalla Juan. Al final, cuenta satisfecho que salieron del paso “con bastante facilidad”. Además de Argentina, Raesa cuenta con plantas de fabricación de tubos de riego en Chile, México, Brasil y Guatemala. Para establecerse, iniciaban el proceso con un análisis de mercado y probaban realizar algunas ventas. “Procuramos convencernos con anterioridad de que el mercado admite nuestro producto. En Brasil nos instalamos después de que hiciéramos una serie de operaciones que funcionaron. Por supuesto, la segunda fase, una vez instalados, es más complicada. Hay que contar con profesionales, gente fiable, porque estamos hablando de distancias importantes”, explica Tapias. Las filiales fabrican determinados productos y surten al resto de fábricas. En Raesa, la red de filiales tiene un claro fin de comercio intraempresa. “Nos intercambiamos productos entre las fábricas. Tenemos tal variedad de piezas que no interesan duplicados cuando el consumo es escaso. Por eso, hay productos cuyos componentes vienen de España, de Argentina o de México. Distribuimos la producción para obtener ahorros en transportes”, detalla. En total, el 30% de la producción de la empresa se realiza en las fábricas del exterior.
Por el contrario, Tapias desconfía de entrar en China, porque temen las copias de sus piezas. En algunas ferias, se han encontrado con situaciones en las que les hacían pedidos con esa intención. También tienen ofertas para crear una empresa conjunta con otra de capital chino. “A mí esto no me gusta. Nosotros tenemos que estar convencidos de que nuestro producto es competitivo. Si yo llevo un producto cuyo coste en inversiones es de 2.000 dólares por hectárea, cuando un agricultor en China cobra un dólar al día, los números no cuadran”, detalla. Cuanto más bajo es el salario, menos se instalan sistemas móviles y mecanizados de riego, ya que su coste es mayor. Esto supone tener más trabajadores que montan y desmontan los tubos. La empresa es consciente de su posición de liderazgo. En el mundo existe un número muy reducido de compañías que fabrican sistemas de riego en aluminio. “Hay mercados en los que no entramos, porque están interesados en el precio y compran tubos de acero o de plástico. Sin embargo, cuando hablamos de calidad, Raesa está en igualdad de condiciones con cualquier competidor”, comenta Tapias. En Centroamérica se están encontrando con competidores españoles y franceses, pero los más importantes son las empresas de Estados Unidos y de Israel, por su desarrollo tecnológico. En el caso de los israelíes, son expertos en riego por goteo. De ellos, Tapias reconoce que han aprendido las mejores tecnologías, tanto de riego por aspersión, como de riego por goteo, “pero nuestros productos no tienen nada que envidiar a los de cualquier país”. Una de sus líneas de trabajo actuales es la investigación y el desarrollo de sistemas de riego por goteo.
No sólo son fabricantes, sino que asesoran a sus clientes sobre la viabilidad de sus proyectos de cultivo. La personalización de los equipos es generalizada. Esto les supone tener un catálogo de unos 5.000 productos diferentes, entre tubos y accesorios. Un aspecto fundamental que analizan a la hora de entrar en un mercado es la estructura de salarios: cuanto más cara es la mano de obra, más opciones hay de que los propietarios mecanicen sus sistemas de riego. “Todo esto es una ciencia. No fabricamos un producto, sino que aportamos soluciones. Hay que analizar el suelo, el área donde se ubica la finca, las temperaturas, la humedad… Nosotros asesoramos y muchas veces les decimos que tienen que cambiar el tipo de cultivo”, explica Juan. El empresario cita el caso de un multimillonario venezolano al que recomendaron no iniciar un proyecto de cultivo que planeaba, porque el suelo y el cultivo no eran compatibles y no iba a obtener rentabilidad. Una de sus críticas a los agricultores se centra en la falta de miras empresariales de aquéllos que buscan la subvención sin valorar el cultivo. “La subvención está muy bien, pero tienes que mirar si es rentable”, asegura Tapias. La escasez del agua es un reto para la empresa que dirige Juan Tapias. “La gente tiene conciencia de que el agua es un bien escaso, pero todavía hay muchas hectáreas que se siguen regando por inundación, con los problemas de mayor consumo de agua, de erosión del suelo o de excesos y faltas de humedades. El problema es que hay que hacer inversiones. En España hay hoy cinco millones de hectáreas de regadío, pero muchas tienen riegos obsoletos”, explica. Y concluye: “Sólo con tres cosas básicas cambia la vida a todo el mundo: una semilla, un fertilizante y un sistema de riego adecuados. No olvidemos que una hectárea de regadío produce siete veces más que una de secano”. ÓSCAR GARCÍA MUÑOZ
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