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Japón, un país sin apenas recursos naturales, ha pasado, en un intervalo de 150 años, de la época feudal a ser la segunda potencia económica mundial. Sin materias primas, utilizando su materia gris, ha sabido ingeniárselas para ganar la carrera competitiva internacional. Sin embargo, durante más de una década, se ha visto inmerso en una profunda recesión económica que ahora parece, lentamente, alejarse.
Japón entró en crisis a mediados de los años 80. La política económica expansiva puesta en marcha por el Gobierno de entonces para recuperar de nuevo el crecimiento dio lugar a una de las mayores burbujas financieras de la historia, que acabó por estallar a principios de los 90. Desde entonces, y hasta el año 2003, el estancamiento económico fue una constante y se pusieron en evidencia serios problemas estructurales. (Ver artículo de El Exportador Digital nº 50.)
Pero en el año 2003, y primeros meses de 2004, la situación cambió. El PIB registraba un aumento del 2,7%, inusual en Japón en los últimos años, lo que desató una cierta euforia. Otros indicadores, anunciaban el comienzo de la recuperación.
¿Desaceleración de nuevo?
Sin embargo, a finales del pasado mes de diciembre, el Gobierno nipón confirmaba que la economía se desaceleraba de nuevo, una tendencia que había comenzado a partir de la primavera de 2004.
¿Pierde fuerza la recuperación? ¿Puede incluso volver la recesión? Desde la Oficina Económica y Comercial de la Embajada de España en Tokio, su agregado comercial jefe, Ernesto Giménez Burgos, muestra su optimismo: “En mi opinión, los temores sobre una eventual crisis sistémica o un colapso económico se han esfumado definitivamente”. La impresión general es más bien optimista, y está basada en datos reales:
- El Gobierno ha avanzado en su programa de reformas estructurales, si bien continúa todavía la necesidad de atacar a fondo el ingente déficit público, que alcanza el 7,1% del PIB, con una deuda pública bruta en circulación que supera el 160% del PIB, el nivel más alto de cualquier país desarrollado.
- Las empresas niponas han llevado a cabo, en general con éxito, una profunda reestructuración, disminuyendo tanto su capacidad productiva como sus costes laborales, y logrando un aumento significativo de la productividad del trabajo.
- Existe un cierto optimismo sobre el final de la deflación, que ha acompañado a la economía japonesa desde 1999. El propio Gobierno prevé que el próximo año fiscal los precios al consumo crezcan por primera vez en siete años.
Y de todas formas, como señala el asesor de exportaciones a Japón (senior trade adviser) de JETRO en ICEX, Tetsuo Mizuyoshi: “La nuestra es una economía madura, por lo que no pueden esperarse crecimientos muy elevados. Éstos, que no sobrepasarán el 2% o el 2,5%, serán incluso difíciles de mantener, porque la demanda interna, sobre todo privada, no aumenta tan rápido”.
Posibles nubarrones
La economía nipona está mejor preparada que en años anteriores ante posibles vaivenes. Éstos podrían provenir de diversos factores.
- La evolución del consumo privado, que, según el Gobierno, se desacelerará el próximo año fiscal desde el 1,7% en 2004 hasta el 0,9%. Aunque, en realidad, el consumo privado se ha mantenido relativamente estable desde el estallido de la burbuja financiera, a pesar de la atonía de las rentas salariales; además, los últimos datos del paro, que ha descendido hasta el 4,6%, alientan las perspectivas de una mejora en el consumo.
- El recalentamiento de la economía de China, país en el que Japón mantiene importantísimos intereses. Un factor sobrevenido podría ser el impacto del reciente maremoto en el Golfo de Bengala sobre las economías del Sudeste Asiático, todas ellas clientes de Japón.
- El encarecimiento del petróleo. Aunque es cierto que la economía nipona está ahora mejor preparada que en épocas anteriores, ya que ha logrado reducir a la mitad su dependencia de esta materia prima desde los años setenta.
- Las posibles presiones alcistas sobre el yen, derivadas, entre otras causas, de las actuales presiones bajistas sobre el dólar, lo cual podría dificultar las exportaciones japonesas, aparte de entorpecer el final de la deflación.
La sociedad está cambiando
La larga recesión, de más de diez años, ha traído consigo también una crisis que está provocando unas transformaciones de fondo, tanto económicas como sociales, muy importantes.
La espectacular evolución económica de Japón se ha conseguido a base de rigor en la ejecución y de depurar, una y otra vez, tanto el diseño como los procesos de producción. Se trata de un pueblo muy ingenioso, cualidad a la que se añaden su organización, su disciplina y su capacidad de sacrificio.
¿Qué está cambiando en los últimos años? Gonzalo Fonseca destaca: “Por un lado, la producción deslocalizada hacia otros países asiáticos con costes más reducidos, que está vaciando el país de fábricas, va a condicionar, y mucho, el desarrollo y el crecimiento nipón en el futuro; en segundo lugar, la nueva actitud de los jóvenes hacia el trabajo, la sociedad y su vida personal, en el seno de una generación que no ha vivido las estrecheces y las necesidades de sus antecesores, hace que tal vez éstos no estén tomando el relevo de la generación de sus padres o abuelos, que tenían en mente como firme propósito el de levantar Japón de la nada en la que había quedado sumido tras la Segunda Guerra Mundial, y el de demostrar la valía y la fuerza que tienen los japoneses”.
Otra importante transformación de la sociedad japonesa viene dada por la pirámide de población, que tiene una estructura claramente invertida. Como fuerza de consumo, los compradores van a reducirse en número, y además está por ver cuál será entonces su poder adquisitivo.
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