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TRAS LAS HUELLAS DE... CONSTRUCCIONES NAVALES MENORQUÍN YACHTS
A golpe de timón | 1 | 2 |


Aun surcando las aguas de Menorca, en el momento en que el capitán Jack Aubrey y el médico y naturalista Stephen Maturin se conocen durante un concierto en casa del entonces Gobernador inglés en Mahón, la pluma del escritor británico Patrick O'Brian no consideró que un barco de pescadores, el llaüt balear, pudiera formar parte de las grandes aventuras que destilan sus novelas navales. Casi dos siglos más tarde, convertido en un crucero confortable reclama su lugar en el mundo de la náutica.

 

José Luis Sastre

La marinera Normandía, la muy alegre Florida, la experta Costa Este de los Estados Unidos, el duro Mar del Norte, las mil islas de Croacia, el elegante puerto de Mónaco, la atractiva Costa Azul o el siempre animado litoral italiano dan buena rúbrica de ello.

"Lo que empezó casi como una aventura, como un sueño, se ha ido haciendo realidad. El reto, que algunos tildaban de imposible, de convertir una clásica barca de pescadores -modesta como la calificaría mi padre-, pero sumamente marinera y con un marcado carácter, en un apreciado barco de recreo ya se ha conseguido. Y también el compromiso de llevar este concepto de embarcación tan mediterránea hasta cualquier tipo de mar, por lejana o exótica que sea su costa", asegura José Luis Sastre, director general de Construcciones Navales Menorquín Yachts, haciéndose eco del sentir de su progenitor, Juan Sastre, el auténtico precursor del proyecto y actual presidente de la compañía.

Una empresa que empieza a tomar forma en 1978, cuando el propietario del astillero que suministraba a la familia Sastre los llaüts para su posterior comercialización en el establecimiento familiar, le comunica que vende el negocio. Ante la incertidumbre que se dibuja en el futuro, Juan Sastre decide montar un astillero propio, Astilleros Menorca, donde fabricar el tradicional llaüt, también conocido como menorquina. "Y ahí es cuando comienzan los dolores de cabeza", apunta José Luis Sastre, blandiendo una leve sonrisa, acompañada de un ligero movimiento de cabeza a modo de asenso. Alegoría que adquiere uno de sus puntos álgidos en 1985 cuando, tras la adquisición de una nave industrial en Mahón de 1.200 m2, deciden sacar al mercado un pionero llaüt de 10 metros de eslora.

Una primera etapa de evolución, que sorprende a muchos y que empieza a marcar el carácter renovado de este barco, cuyo casco sufre ligeras modificaciones en función de su eslora, aumentando, a su vez, la comodidad del interior. De esta forma, comienza un camino sin retorno que le va alejando del mundo de los pescadores para irle uniendo al del ocio y el recreo.

Ante la crisis, exportación
Con el modelo de 10 metros consolidado en el mercado, en 1993 estalla una crisis muy fuerte en el sector, que provoca el cierre de unos 20 astilleros de llaüts sólo en Menorca. Juan Sastre toma entonces una decisión arriesgada: empezar a exportar para no depender de las fluctuaciones del mercado español. Y Alemania fue su destino, concretamente el Salón Náutico de Düsseldorf, donde vendieron 30 barcos "de golpe".

"Aunque sabíamos que nuestros barcos encajaban muy bien en mercados como el holandés o el alemán, por su navegabilidad por canales y ríos de poco calado, lo cierto es que tuvimos mucha suerte. De hecho, nunca hemos vuelto a hacer una venta similar. Nuestro viaje a Alemania no sólo nos sirvió para incrementar la facturación sino también para abrirnos definitivamente los ojos y ver que nuestro futuro estaba fuera de España. Esta fue la botadura definitiva de la empresa", asegura el director general de Construcciones Navales Menorquín Yachts.

Debido al creciente volumen de demanda, optan por trasladarse a otra nave industrial de 3.000 m2 y desde allí lanzan en 1997 la gama Menorquín Yachts, unos llaüts de recreo de 13 metros de eslora, "cuya longitud era muy atrevida para la época". El motivo: "Con esta embarcación accedíamos a una clientela que no se veía especialmente afectada por las oscilaciones cíclicas de la economía, por lo que nos asegurábamos una facturación más o menos estable". Tal fue el éxito de la gama que un año más tarde cambian la denominación social de la empresa y pasan a llamarse Construcciones Navales Menorquín Yachts, a la vez que se consolida como marca comercial Menorquín Yachts.

Esta decisión no sólo trajo consigo un cambio de nombre sino también creó una constante en la empresa: el crecimiento de las esloras. "Todos los astilleros que han sobrevivido a las crisis del sector y que han tenido un crecimiento más o menos constante han eliminado la fabricación de las esloras menores y han centrado sus esfuerzos en grandes barcos. ¿Qué consigues con esta estrategia? Aumentar tu facturación, aun produciendo menos unidades, acotar la búsqueda de clientes y eliminar el problema de los vaivenes económicos mundiales", razona José Luis Sastre.

Dicho y hecho. En algo más de cinco años sus llaüts han crecido hasta alcanzar los 18 metros de longitud, apartando de sus instalaciones la fabricación de barcos con esloras de menos de 10 metros: "Apartando que no eliminando, puesto que la producción de esloras más pequeñas se la hemos cedido a un astillero que trabaja para nosotros". Y ya está pensando la familia Sastre en dar el salto a los 20 metros de eslora, una vez que las nuevas instalaciones, ubicadas en el polígono industrial de Sant Lluís, de 30.000 m2 estén a pleno rendimiento y se hayan consolidado tanto la producción como las ventas del llaüt de 18 metros.

"Cada seis años, más o menos, el cliente cambia de barco y tiende a adquirir uno más grande. En estos momentos, nos encontramos al límite de nuestra capacidad para fabricar el de 16 metros (MY160) y del de 18 metros (MY180) está saliendo uno al mes, cuando hace unos años sólo se producían tres o cuatro al año. Esto marca una tendencia de consumo que nos indica el salto definitivo al MY180 por parte de los que tenían anteriormente un MY160 y la existencia de consumidores potencialmente compradores de un llaüt de 20 metros", explica el director del área comercial y marketing de Construcciones Navales Menorquín Yachts, Juan Francisco Sastre, que acaba de incorporarse a la conversación, tras haber terminado la reunión con un cliente que ha decidido adquirir el último modelo del mismo barco que estaba utilizando. Y es que la cuota de fidelidad de la clientela de esta empresa menorquina supera el 20%.

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