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Arluito,
8 años, estudiante de primaria. Tranquilo, despistado y gran
amante de la naturaleza. No soporta ver injusticias ecológicas
y cuando suceden le producen un gran enfado, lo que hace que se
vuelva verde de ira y se transforme en Reciclator, el Justiciero
Ecológico. Las aventuras de este superhéroe, cuyos
poderes provienen de la incidencia de unos rayos de sol sobre la
galleta que tenía en su mano derecha justo antes de ingerirla,
es una de las armas de Arluy para hacer frente tanto a los grandes
grupos galleteros, como los pequeños fabricantes locales.
“En todos los aspectos, el mercado de las galletas está
muy abierto a la imaginación y hay que desarrollarla más
aún cuando resulta imposible competir con las campañas
de promoción mediáticas que lanzan multinacionales
del sector como Nabisco o Lu”, asegura el director general
de Arluy, Arturo San Juan Berrozpe.
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Los
hermanos Arturo (izqda.)
y Javier San Juan |
Incluidos en
los paquetes de cinco galletas tipo sándwich, los episodios
de este superhéroe defensor del medio ambiente, que los niños
coleccionan e intercambian, han sido el punto de arranque para desarrollos
posteriores, tales como el lanzamiento, a principios de este año,
de una galleta morena rellena de chocolate blanco, Diverchok, que
da vida a cuatro sonrientes caras. Lanzamiento que ofrece a niños
italianos, portugueses y españoles la posibilidad de viajar
a un parque temático de su país una vez reunidos los
cuatro perfiles.
Imaginación, desde
luego, no falta en Arluy. Es más, Arturo San Juan es partidario
de que a las siglas I+D+I, se le sume otra I para completar la secuencia;
así a investigación, desarrollo e innovación,
se le uniría imaginación. Conceptos que cuidan al
máximo, porque su experiencia les indica que, junto con la
calidad, son los valores que más inciden en la diferenciación
de sus productos respecto a los de la competencia.
A la estela de Marbú
Aunque Arluy
todavía no ha cumplido la mayoría de edad, su saber
hacer bebe de las fuentes de Marbú, que fue fundada y vendida
por el abuelo de Arturo San Juan. “Marbú se transfirió
en 1985, estando mi padre al mando del departamento comercial. Como
lo único que sabía hacer era elaborar galletas, ya
que estaba implicado en el negocio desde los 14 años, decidió
montar su propia empresa e involucrar en ella a sus tres hijos.
El carácter familiar que imprimió mi padre se desprende
hasta de la denominación de la sociedad, Arluy, formada por
las iniciales de mi padre y mi madre -Arturo y Luisa-, pero con
la conjunción al final para darle un toque más internacional”.
Vocación
que queda contrastada desde sus inicios, ya que el primer pedido
que salió de la fábrica fue un contenedor de galletas
María y sándwiches con destino a la República
Dominicana, aprovechando los buenos contactos que se mantenían
con antiguos importadores con los que se trabajaba en Marbú.
“En las posteriores negociaciones con distribuidores nacionales
e internacionales para acordar los siguientes envíos, rápidamente
descubrimos que el mercado estaba muy saturado en el segmento de
Marías y tostadas, por lo que nos fuimos posicionando en
el de especialidades medias de galletería, tendiendo hacia
la elaboración de delicatessen, que tienen un consumo
alto en Europa. Optamos por la especialización y diferenciación
y nos convertimos en especialistas en la elaboración de galletas
rellenas”, desvela Arturo San Juan.
Como eran conscientes
de que la salida al exterior requería una pericia de la que
carecían por aquel entonces, se decantaron por la formación
de consorcios (ver El
Exportador Digital nº 64). Así, entre cuatro industriales
de La Rioja constituyeron, al amparo del Programa de Consorcios
de Exportación del ICEX, Rioja Foods. Un consorcio en origen
que Arluy abandonó para crear su propio departamento de exportación.
Y una de las primeras acciones de éste fue la creación
de otro consorcio con fabricantes españoles del dulce, esta
vez en destino, concretamente en Moscú. “Corría
el año 1994 y Rusia era un mercado muy abierto a los productos
españoles. Con la crisis de 1998 (ver El Exportador Digital
nº
41 y nº
67), lo reconvertimos en un consorcio en origen y al poco tiempo
pasó a ser un club de exportadores y amigos que nos reunimos
para compartir datos y experiencias”.
PIPE, sistematizar operaciones
Con todas estas idas y venidas, Arturo San Juan recuerda que en
Arluy, a finales de la década de 1990, se vivieron momentos
de reflexión: “Hasta el momento nuestras exportaciones
adolecían de continuidad. Nuestro surtido de galletas resultaba
muy interesante por su buena presentación y su amplia caducidad,
así que los contactos en las ferias nos proporcionaban únicamente
contratos puntuales, lo que incrementaba los costes, porque no sacábamos
rendimiento a las adaptaciones que teníamos que hacer en
aspectos como el etiquetado”. Y confiaron en el PIPE para
consolidar los mercados abiertos y diversificar los países
de actuación.
Reorientaron
estrategias, enfocaron sus esfuerzos en los países que se
determinaron como prioritarios, entre ellos los de la Unión
Europea, con Italia y Portugal a la cabeza, e hicieron estudios
de prospección en Asia, centrándose en Corea del Norte,
Filipinas y Tailandia. “Además de ayudarnos a salir
a los mercados exteriores con mucha más tranquilidad al conocer
mejor el terreno que pisábamos, el PIPE nos proporcionó
a nuestro actual director de exportación, Javier Adán,
que entró en la empresa como colaborador del programa, es
decir, la persona encargada de poner en marcha el plan de internacionalización
diseñado. Su profesionalidad y buen hacer quedó contrastada,
por lo que no quisimos desprendernos de él”, apunta
el director general de Arluy.
Gracias a los
resultados obtenidos, su confianza en el programa ha sido tal que
acaban de adherirse al Plan de Seguimiento PIPE 2000 (ver El
Exportador Digital nº 69). “Esperamos que esta segunda
fase nos permita consolidarnos como una empresa exportadora mucho
más estable e incida en la implantación de nuestra
marca en el exterior y en el reconocimiento internacional de nuestro
surtido”, asegura convencido.
Aunque Arturo
San Juan afirma que en Arluy se piensa a lo grande pero se actúa
a lo pequeño, lo cierto es que sus productos se venden en
más de 40 países. La cadena de alimentación
suiza Migros, la colombiana Cadenalco, las estadounidenses Wyndixie
y Publix, la mexicana Comercial Mexicana o la japonesa Kohyo dan
fe de ello, además de multinacionales como Wal Mart o Carrefour.
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