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TRAS LAS HUELLAS DE … JEMI
De la mesa a la cocina 1 | 2 |


 Un futuro prometedor
Tras superar unos años de cierta crisis en toda la Unión Europea que ha anulado las perspectivas de crecimiento internacional de la empresa, “pensamos crecer, sobre todo dentro del continente europeo, en los próximos dos ejercicios”.

Será entonces la hora de recoger los frutos de la fuerte inversión en Investigación y Desarrollo llevada a cabo por la compañía desde 2000. El proyecto se materializó en la feria de Milán del pasado noviembre con la presentación de la nueva gama de productos. Una apuesta de futuro de Jemi “con la que, por la aceptación que ha obtenido, esperamos obtener un gran éxito después de haber realizado un esfuerzo tecnológico importante y haber invertido más de un millón de euros”.

Un millón de euros parece un presupuesto muy elevado. Después de todo, un lavavajillas o una cocina no es un cohete espacial. Mora Martínez explica el trabajo que implica ese proceso de innovación del producto aplicando unos criterios similares a los de la construcción de coches: “Con constantes pruebas y rectificaciones antes de ofrecer el producto definitivo y comercializable”.

 Del proyecto a la realidad
El camino del proceso comienza en la mesa de trabajo donde las personas que habitualmente tratan con los clientes señalan a los técnicos qué es lo que quieren éstos: una mejora de las calidades y de precios. La resistencia y la higiene, por la que existe cada vez más un mayor interés que implica nuevas normas de seguridad, marcan algunas de las pautas de las máquinas: esquinas redondeadas, evitar los rincones, facilidad de limpieza y un largo etcétera.

Por otra parte, en los últimos tiempos, se ha visto una disminución del espacio en los establecimientos. Las nuevas máquinas deben tener las mismas funciones pero han de ser más pequeñas: “En esto hay que trabajar mucho y además cada vez está más de moda poner los platos grandes. Hay que exprimirse el cerebro para cumplir lo que el cliente pide”.

Después, se comienzan a realizar las preseries “con varios prototipos que nos servirán para realizar el diseño del modelo definitivo”. En ese diseño no se parte desde cero, puesto que Jemi lleva 35 años construyendo lavavajillas o 15 haciendo cocinas y las líneas generales ya están dibujadas.

Los lugares más difíciles y con mayor actividad como colegios u hospitales son el banco de pruebas de los prototipos. Estos son revisados mensualmente por los técnicos de la empresa. Al producirse algún fallo grave, “se realizan las oportunas rectificaciones en la fábrica y la máquina regresa al mismo cliente para ver si podemos corregir el defecto”. Este tipo de equipamientos ha de ser muy sólido y fiable y, aunque “a nosotros nos cuesta ver que la gente las trate de esa manera”, puntualiza Mora Martínez, “así es como debe de ser, si bien es cierto que requieren un mantenimiento y una limpieza”.

El presidente de Jemi aclara este último punto con un ejemplo práctico: “Cuando se está trabajando en una cocina o en un hospital y se rompe una cocina o un lavavajillas y se acumulan 5.000 platos, se produce un problema muy grave por lo que las máquinas tienen que ser fiables y esa fiabilidad es una de las grandes ventajas que tenemos nosotros”.

Una vez corregidos todos los defectos en un proceso que ha llevado a la empresa al menos un año y medio es cuando se lanzan las máquinas al mercado. “Nos hemos dado cuenta de que nuestros productos salen con defecto cero; llevamos dos meses sin ningún fallo” por lo que en la empresa están bastante satisfechos con los resultados. La intención es que las reclamaciones se den con anterioridad al lanzamiento y esperan que pasen “al menos dos o tres años, para que nosotros nos enteremos de los primeros problemas. Antes, no puede haber fallos”.

La venta de las máquinas se realiza a través de delegaciones o de representantes, según el mercado sea nacional o internacional. Éstos hacen los pedidos y Jemi se encarga de suministrárselos. La empresa barcelonesa ofrece unos cursos para que los que realicen la venta al cliente final puedan dar un adecuado servicio técnico. “Un ingeniero cubano ha estado recientemente aquí para recibir un cursillo puesto que hemos conseguido un acuerdo con una empresa estatal cubana y estamos vendiendo allí”, comenta como ejemplo Mora Martínez. El servicio del mantenimiento de un producto industrial confiere a la máquina un mayor valor añadido. Si éste es bueno y el uso es el adecuado, una cocina o una freidora tiene una vida media de diez a doce años, pero pueden llegar a tener una vida útil de veinte años.

Una buena imagen de la marca permite entrar y permanecer en los mercados más variados. Así, desde la compañía catalana destacan, entre otros, la presencia de sus equipamientos en lugares como la escuela de hostelería de Lyon, la de Monterrey, en la ampliación de una planta de fabricación de automóviles en México o de sus cocinas en los próximos juegos panamericanos de Venezuela. El crecimiento de Jemi y el proceso de expansión exterior comenzado hace más de una década parece ya consolidado en el presente. En el futuro, la empresa se enfrentará a la inminente llegada de los competidores procedentes del Lejano Oriente pero eso ya será a largo plazo. JAVIER GARCÍA CUESTA

La ficha
Nombre de la empresa: Jemi SA
Año de constitución: 1959
Actividad: fabricación y comercialización de equipamiento para hostelería
Personal:

95 empleados

Facturación 2003: 12 millones euros
Cuota de exportación: 20%
Sede: Selva de Mar, 122-128
08020 Barcelona
Tel.: 933 083 154
Fax: 933 033 873
e-mail: jemi@jemi.es
Web: http://www.jemi.es/

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