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Escapando
de la crisis |
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Tailandia ha disfrutado tradicionalmente de una economía saneada. En la segunda mitad del siglo XX, gozó del apoyo de Estados Unidos, para quien constituía un enclave estratégico en su lucha contra la expansión del comunismo. En la década de los setenta, la economía tailandesa se disparó, manteniendo un alto índice de crecimiento, cuya cota más elevada se alcanzó en la década que va desde 1985 a 1995, debido esencialmente al espectacular desarrollo del sector industrial. Esta situación dio un vuelco en 1997, cuando se vivió en el reino una recesión que generó un clima de gran incertidumbre y desconfianza. “La crisis se originó por un fuerte ataque especulativo sobre la divisa tailandesa (baht) motivado por el alto endeudamiento privado exterior a corto plazo, lo que supuso una caída en picado de la divisa y la suspensión del pago de gran parte de los créditos existentes, cuya consecuencia fue la quiebra del sistema financiero. Esta situación llevó a una recesión económica general” explica Rafael Domínguez Pabón, consejero de la Oficina Económica y Comercial de la Embajada de España en Bangkok. Se cerraron numerosas instituciones financieras y varios bancos se vieron afectados. El gobierno del general Chavalit perdió toda su credibilidad. Filipinas, Malasia, Indonesia y los restantes países de la ASEA se vieron rápidamente afectados. Finalmente, los mercados financieros globales padecieron las consecuencias de la crisis asiática.
No obstante, el campo sigue siendo el medio de vida de dos tercios de la población. El peso de la agricultura en la economía tailandesa ha ido disminuyendo paulatinamente: en 2000 sólo supuso el 10% del PIB, y la masiva explotación de recursos ha originado una deforestación preocupante. Sin embargo, el 30% de las exportaciones tailandesas lo son de productos agrícolas: es el primer proveedor mundial de arroz y tapioca, y uno de los primeros de caucho. La administración del Thai Rak Thai está promoviendo iniciativas para el aprovechamiento del potencial del sector agrícola, tales como el fomento de creación de pequeñas industrias en aldeas, que están directamente enfocadas al ámbito rural. En la lista de sectores potencialmente viables, el Gobierno considera el subsector agro-industrial como uno de los prioritarios. Los transformados agrícolas y pesqueros suponen importantes partidas para el mercado tailandés: el país ocupa la primera posición en exportaciones de piña enlatada y atunes en conserva, dato curioso este último, si se tiene en cuenta que el país carece de barcos adecuados para la pesca atunera, por la obsolescencia de la flota (España es uno de sus principales suministradores de atún). Esta lista de prioridades suscita, no obstante, algunas polémicas.
El actual gabinete pretende dejar a un lado la producción de bajo coste para competir con productos de un nivel de calidad medio-alto. Si una de las principales bazas de Tailandia la constituyen las exportaciones procedentes de los sectores de automoción, textil y electrónico, las acciones encaminadas a su fomento deben contemplar la mejora en la calidad, en la formación de la mano de obra, en la aplicación de la tecnología, etc. De momento, puede seguir sacando provecho de los incentivos a la exportación que la Organización Mundial del Comercio le permite mantener hasta 2005. A pesar de la importancia de la industria, no hay que obviar que más del 50% del PIB recae en el sector servicios. El turismo, por su parte, aunque constituye la principal puerta de entrada de divisas en el país, puede ser uno de los sectores más sensibles a la inestabilidad internacional y a una posible agudización de la crisis.
La presencia española en el mercado tailandés es relativamente pequeña, confiesa Rafael Domínguez Pabón. “En el ejercicio de 2002, hasta septiembre, el volumen total de comercio bilateral España-Tailandia alcanza una cifra de 724 millones de dólares estadounidenses, suponiendo para nuestro país un déficit de 427 millones de euros”. Y, prosigue, “la inversión española en Tailandia también es reducida. La cifra alcanzada en 2001 fue de 6,3 millones de dólares”. A la hora de trabajar en este mercado, el consejero considera que se deben diferenciar dos estrategias:
No obstante, Domínguez Pabón precisa: “Las posibilidades que se presentan para el empresario español son más desde el punto de vista inversor que desde el punto de vista comercial”. “El Gobierno tailandés está trabajando de cara a fomentar la creación de una industria exportadora. Así, la creación de clusters industriales para sectores como el de automoción y componentes, o el de componentes eléctricos, con ayudas de carácter fiscal y otros, facilitará la formación de un tejido industrial capaz de competir en mercados exteriores”, explica el consejero. “Asimismo” continúa, “también se contempla la creación de un cluster para la industria de la moda y textil, con un claro enfoque exportador”.
Entre todas las barreras no arancelarias hay que destacar:
Entre las barreras arancelarias sobresalen las que afectan al vino y los licores y los productos cerámicos. Otras razones para la escasa presencia española son la mayor competitividad en ciertos sectores de la producción local, y la importancia tanto de la marca como de la imagen país, a la hora de una exitosa comercialización del producto en el mercado tailandés.
En la edición en papel de El Exportador se puede consultar un recuadro en el que la Oficina Económica y Comercial de la Embajada de España en Bangkok detalla, en concreto, qué oportunidades pueden presentar los siguientes sectores:
Varias empresas españolas han ido emprendiendo distintas operaciones en el país sudasiático.
En cuanto a la comercialización, si bien es verdad que la competencia es dura, no es menos cierto que numerosos productos españoles encuentran su hueco en el mercado tailandés. Están presentes decenas de marcas españolas de vinos y espumosos (a pesar de los altos aranceles), aceites de oliva, las más importantes firmas de azulejos españoles, mobiliario y electrodomésticos, o incluso algo de moda. Para Jiradate Prownpuntu, gerente de Boonthavorn Ceramic Co. Ltd. y agente de Porcelanosa, Venis, Tau Cerámica y Grespania, hay algo que los productos españoles tienen a su favor: los precios. “Su mercancía es parecida a la de Italia, pero en comparación, tienen mejores precios, más razonables. Es la cualidad que deben utilizar para competir con otros países que llevan más tiempo comerciando en Tailandia”. En definitiva, como se ha visto, el empresario español, a la hora de considerar Tailandia como destino para realizar una futura inversión, debe tener en cuenta todas las medidas que se están tomando así como “la estabilidad económica y política que hace de este país una buena lanzadera para desembarcar en el mercado asiático”, aconseja Pabón.
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