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TAILANDIA
Escapando de la crisis | 1 | 2 |


En 1997, el que fuera Reino de Siam padeció una crisis que afectó directamente a su sistema financiero. Cinco años después, el país ha recuperado la estabilidad y las perspectivas se adivinan, cuando menos, alentadoras.

Tailandia ha disfrutado tradicionalmente de una economía saneada. En la segunda mitad del siglo XX, gozó del apoyo de Estados Unidos, para quien constituía un enclave estratégico en su lucha contra la expansión del comunismo. En la década de los setenta, la economía tailandesa se disparó, manteniendo un alto índice de crecimiento, cuya cota más elevada se alcanzó en la década que va desde 1985 a 1995, debido esencialmente al espectacular desarrollo del sector industrial.

Esta situación dio un vuelco en 1997, cuando se vivió en el reino una recesión que generó un clima de gran incertidumbre y desconfianza.

“La crisis se originó por un fuerte ataque especulativo sobre la divisa tailandesa (baht) motivado por el alto endeudamiento privado exterior a corto plazo, lo que supuso una caída en picado de la divisa y la suspensión del pago de gran parte de los créditos existentes, cuya consecuencia fue la quiebra del sistema financiero. Esta situación llevó a una recesión económica general” explica Rafael Domínguez Pabón, consejero de la Oficina Económica y Comercial de la Embajada de España en Bangkok.

Se cerraron numerosas instituciones financieras y varios bancos se vieron afectados. El gobierno del general Chavalit perdió toda su credibilidad.

Filipinas, Malasia, Indonesia y los restantes países de la ASEAN se vieron rápidamente afectados. Finalmente, los mercados financieros globales padecieron las consecuencias de la crisis asiática.

Superar el bache
Tras la aplicación de reformas tanto económicas como políticas y sociales, en 1999, el crecimiento es positivo en un 4,4%, signo que se mantiene en los años posteriores. La reducción en las importaciones y el crecimiento de las exportaciones equilibran la situación económica del país, a pesar de la todavía excesiva morosidad en préstamos. El consumo interno se ha revitalizado y la deuda externa se está reduciendo progresivamente.

La actual administración: el peso rural
El auge de la industria de las décadas precedentes ha ido consolidando un tejido empresarial y social en los centros urbanos, dejando a un lado el entorno rural.

No obstante, el campo sigue siendo el medio de vida de dos tercios de la población. El peso de la agricultura en la economía tailandesa ha ido disminuyendo paulatinamente: en 2000 sólo supuso el 10% del PIB, y la masiva explotación de recursos ha originado una deforestación preocupante. Sin embargo, el 30% de las exportaciones tailandesas lo son de productos agrícolas: es el primer proveedor mundial de arroz y tapioca, y uno de los primeros de caucho.

La administración del Thai Rak Thai está promoviendo iniciativas para el aprovechamiento del potencial del sector agrícola, tales como el fomento de creación de pequeñas industrias en aldeas, que están directamente enfocadas al ámbito rural.

En la lista de sectores potencialmente viables, el Gobierno considera el subsector agro-industrial como uno de los prioritarios. Los transformados agrícolas y pesqueros suponen importantes partidas para el mercado tailandés: el país ocupa la primera posición en exportaciones de piña enlatada y atunes en conserva, dato curioso este último, si se tiene en cuenta que el país carece de barcos adecuados para la pesca atunera, por la obsolescencia de la flota (España es uno de sus principales suministradores de atún).

Esta lista de prioridades suscita, no obstante, algunas polémicas.

La empresa y los servicios
El Gobierno parece haber dejado en un segundo plano las medidas de liberalización del mercado para participar directamente en el fortalecimiento del tejido industrial y empresarial interno.

El actual gabinete pretende dejar a un lado la producción de bajo coste para competir con productos de un nivel de calidad medio-alto. Si una de las principales bazas de Tailandia la constituyen las exportaciones procedentes de los sectores de automoción, textil y electrónico, las acciones encaminadas a su fomento deben contemplar la mejora en la calidad, en la formación de la mano de obra, en la aplicación de la tecnología, etc. De momento, puede seguir sacando provecho de los incentivos a la exportación que la Organización Mundial del Comercio le permite mantener hasta 2005.

A pesar de la importancia de la industria, no hay que obviar que más del 50% del PIB recae en el sector servicios.

El turismo, por su parte, aunque constituye la principal puerta de entrada de divisas en el país, puede ser uno de los sectores más sensibles a la inestabilidad internacional y a una posible agudización de la crisis.

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