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ESTRATEGIAS
Español como recurso económico | 1 | 2 |


Las letras cotizan al alza
En la sociedad de la información y del conocimiento en la que vivimos, el idioma, además de seña de identidad y civilización, se ha erigido en un poderoso factor económico.

Es más, economistas y empresarios hispanoamericanos calificaron el español como “nuestro petróleo”, durante la celebración del II Congreso Internacional de la Lengua Española, que tuvo lugar en Valladolid a finales del pasado año, condenando irremediablemente a la lengua y a la economía a un entendimiento mutuo. Relación que corroboró el vicepresidente ejecutivo del ICEX, José Manuel Reyero, al apuntar que "la lengua española es el principal activo económico que posee España". Razones no faltan: las industrias culturales en su conjunto aportan el 6% del PIB español y dan empleo directo a unas 700.000 personas.

“El español tiene una enorme capacidad para estimular el incremento de la demanda de bienes y servicios ligados genéricamente con la idea de lo español: gastronomía, diseño, moda o turismo”, afirma Óscar Berdugo, director de la Asociación para el Progreso del Español como Recurso Económico (E/RE), recogiendo el sentir general, que se puso de manifiesto durante la celebración de la jornada “El español, un activo internacional”, organizada conjuntamente por el ICEX y la Casa de América.

En este escenario, el valor del idioma español cotiza al alza: lo comparten 400 millones de personas, lo que le convierte en el cuarto idioma más hablado del mundo, y sirve de puente de comunicación entre 21 países, aquellos en los que es lengua oficial.

Ante estas evidencias, desde 1996, el ICEX viene desarrollando una política activa de promoción del español, impulsada por el Plan de Internacionalización (ver El Exportador Digital nº 45), que la Secretaría de Estado de Comercio y Turismo puso en marcha en 2001. Además, elabora anualmente, junto con las asociaciones sectoriales de referencia, planes de promoción para cada uno de los sectores comprendidos dentro del concepto de industrias culturales.

Educar en español
En esta ocasión, estudiaremos la estrategia diseñada en el plan 2003 para el Español como Recurso
Económico, que es un sector que empezó a vertebrarse en 1996 a través de la Asociación para el Progreso del Español como Recurso Económico (E/RE).

Con unos incrementos anuales medios cercanos al 15%, en 2002 los 150.000 estudiantes de español que llegaron a España generaron unos ingresos de 270 millones de euros. Cifra muy por debajo de su potencialidad. Algo similar sucede con las ediciones para la enseñanza del español.

Aunque los expertos aseguran que el español se encuentra en una fase de expansión, todavía le queda por recorrer un largo camino. En Europa el español lo estudian unos 3,4 millones de personas, cuando “deberíamos tener alrededor de 20 millones de estudiantes”, expone José Luján Castro, consejero de educación de la Consejería de Educación de la Embajada de España en Bélgica, en el Anuario 2002 del Instituto Cervantes, El español en el mundo.

Ante esta realidad, de lo que se trata es de pasar de vender español a vender educación en español. ¿Cuál es la situación de nuestros competidores? Los Estados Unidos, el Reino Unido, Australia o Canadá son países en los que se puede hablar de una industria de la educación, puesto que genera una actividad por valor de miles de millones de euros. Saliendo del ámbito anglosajón, Francia ha creado una agencia interministerial, Edufrance, con la que pretende ganar posiciones en la llamada economía educativa internacional.

En opinión de Amparo Porta, directora del departamento de cursos internacionales de la Universidad de Santiago de Compostela, “España debería tener un papel más importante en la economía de la transmisión de conocimientos, no sólo por razones políticas y económicas, sino también por razones domésticas: el descenso de la natalidad está provocando una sobredimensión en la oferta educativa que la internacionalización debe ayudar a paliar”.

Aspirar a un lugar central en la economía educativa mundial es precisamente el objetivo central del plan sectorial de promoción. “Se hace imprescindible crear productos y servicios de mayor valor añadido, propiciar la convergencia entre proveedores de servicios educativos y editores de productos, estimular la demanda del español en nuevos mercados y ahondar en una mayor adaptación de los productos y servicios educativos a mercados específicos, entre otras medidas”, expone Paz Álvarez, jefe del departamento de Industrias Culturales del ICEX.

 

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