PRIMEROS PASOS… PLASTICOS CANUDAS S.A.L.  


>> Envolviendo lo cotidiano
Carlos y Zahara preparan una cena para sus amigos en el hogar que acaban de estrenar. La mantelería, sobre la que se sirve quiche lorraine y carré d´agneau acompañados de cava y en la que se distribuyen unas velas que perfuman la estancia, no es de hilo blanco o de organdí, sino de un plástico fino de vivos colores.

Nico está a más de quinientos kilómetros de ese lugar, observando el cielo estrellado de una noche de noviembre en la cubierta de su pequeña embarcación. El barco, tapizado con un plástico muy resistente a las inclemencias del tiempo, se balancea suavemente sobre aguas mediterráneas. Para resguardarse del frío levantino Nico cubre su cuerpo de piel aceitunada con un anorak.

En un loft del centro de la capital Alfredo se relaja, después de un viaje de negocios, sobre una chaise longue de cuero sintético y tono tostado que invita a pasar largas horas sobre ella. Al fondo, la voz rasgada de Ella Fitzgerald suena en un equipo de música de última generación.

Estas escenas, que se corresponden con lugares y vidas muy diferentes entre sí, tienen algo en común: aunque reflejan un alto nivel de vida, todos los protagonistas pueden servirse de productos diseñados, creados y fabricados por la misma empresa, Plásticos Canudas S.A.L.

Rafael Busom, director comercial

La historia de esta empresa madrileña es poco común. Fundada hace más de treinta y seis años, el antiguo dueño, Luis Ramírez, en el ocaso de su vida decidió poner el negocio en manos de los empleados, ya que no había nadie de su familia que quisiera hacerse cargo del mismo. Ante esta situación se acordó que el 70% de las acciones se repartieran entre quienes estaban sacando a flote la empresa con su trabajo, mientras que el 30% restante se quedaría en manos de los herederos de Ramírez.

Corría el año 1996. Eran momentos difíciles y había que darle un empujón a lo que fue en sus inicios un negocio familiar y que ahora cambiaba de dueños y de filosofía.

El desafío se superó con éxito y Plásticos Canudas es, hoy por hoy, una pyme que se ha adaptado a los nuevos tiempos debido a la constancia de cada uno de sus trabajadores, a una dirección acertada, y a las inversiones en tecnología realizadas en el último año, sin contar las que aún quedan por llevar a cabo.

>> La fábrica y sus hombres
La primera impresión que uno se lleva al pasear por el interior de las instalaciones de Plásticos Canudas es una cierta desazón. Con algo más de cuatro décadas, el edificio transmite al visitante el paso de los años en cada metro cuadrado.

Sin embargo, las máquinas que funcionan sin respiro son las más modernas del mercado, con apenas unos meses de vida.

Gracias a esta inversión en nuevos equipos, "estamos en una etapa de crecimiento muy interesante porque podemos acceder a nuevos clientes ya que, en lugar de estar en un único mercado como hace siete años, ahora nos podemos introducir y especializar en otros muchos". Quien hace esta afirmación es Rafael Busom, director comercial de la empresa.

Para entender la filosofía de Plásticos Canudas es imprescindible fijarse en la figura de Busom, en quienes los socios han depositado toda su confianza a la hora de crecer y adentrarse en nuevos mercados.

Busom, de cálida sonrisa y gestos firmes, es la cabeza visible de la empresa, no sólo debido al cargo que ostenta, sino también por su preocupación por aprender cada día y por la importancia que concede a la ética personal. Valores que traslada al ámbito profesional.

El despacho del director comercial es amplio, cómodo aunque sin artificios de ninguna clase. Sobre su gran mesa tan sólo un móvil y una agenda electrónica de última generación. Esta misma sobriedad es común al resto de las instalaciones de esta sociedad donde la estética queda relegada en favor del pragmatismo.

Pero, para fomentar esa practicidad, los socios ya se están planteando la necesidad de cambiar su sede y mudarse a otras instalaciones más modernas en las que se sustituyan las cuatro plantas actuales por una sola nave, con el fin de ahorrar tiempo en el proceso de fabricación.