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En los próximos años, Turquía se enfrenta
al gran reto que supone su integración en la Unión
Europea. Con vistas a ello:
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Deben adaptarse al acervo comunitario las reglamentaciones
sobre la protección de la calidad del aire,
mejorando especialmente el sistema de vigilancia y control.
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Con respecto a los recursos hídricos, se necesita
una ley que fije los criterios para el agua potable y el agua
residual de acuerdo con los marcados por el Programa Acquis
de adaptación comunitaria. También se hace indispensable
ultimar la legislación específica sobre evaluación
de impacto ambiental.
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Los instrumentos
de aplicación del elenco normativo también necesitan
ser reforzados.
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La apuesta energética para el futuro
Tanto
el programa
nacional para la adopción del Programa Acquis como
el octavo Plan Quinquenal de Desarrollo (2001-2005), establecen
el marco de acción en los próximos años en
materia medioambiental.
La Estrategia
Nacional y el Plan de Acción para el Medio Ambiente en
Turquía impulsado conjuntamente por el Gobierno y el Banco
Mundial, por su parte, constituirán la base
para implementar en el país las actividades relativas a
la Agenda 21.
Turquía
es uno de los mercados energéticos que está experimentado
un mayor crecimiento en el mundo, incrementándose en un
8% la demanda anual de energía frente al 1,8% de media
en el resto de países.
La Corporación
Turca de Transmisión y Generación de Electricidad
(TEAS) junto con el Ministerio
de Energía y Recursos Naturales (MENR) esperan que
las necesidades eléctricas del país requieran una
inversión de entre 4 y 4,5 billones de dólares al
año.
Actualmente
hay numerosos proyectos en desarrollo a lo largo del país
para mejorar la producción energética, muchos de
los cuales cuentan con financiación del Fondo
Monetario Internacional.
La política
energética está basada principalmente en la diversificación.
Así, entra a jugar un papel primordial el desarrollo de
las fuentes de energía renovables, sobre todo la energía
hidroeléctrica. Un claro ejemplo lo constituye
el Proyecto del
Sudeste de Anatolia (GAP), uno de los más ambiciosos
llevados a cabo hasta ahora por el Gobierno. Se trata de un proyecto
multisectorial de desarrollo regional que pretende facilitar el
acceso al agua, la producción de energía hidroeléctrica,
la mejora de la producción agrícola, la optimización
en la gestión forestal y la aplicación de beneficios
sociales con el mínimo coste ambiental en nueve provincias
de la cuenca del Eúfrates-Tigris y Mesopotamia superior.
En cuanto al potencial eólico, geotérmico y solar,
se calcula que también es muy elevado.
Las emisiones
de SOx y de CO2 por el uso del carbón son bajas comparativamente
con otros países, aunque existe una clara tendencia al
alza en las emisiones per cápita.
En lo referente
al uso de la energía nuclear, el Gobierno decidió
abandonar el proyecto
de construcción de la primera planta del país, debido
a la fuerte oposición de los grupos ecologistas y antinucleares,
así como de países vecinos como Grecia.
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