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La vida es bella
Si
a oídos de Roberto Benigni hubiera llegado la historia de
Carmen Vidal, a lo mejor hoy estaríamos hablando de una
película completamente diferente, pero con el mismo título
y la misma esencia. Tres conflictos bélicos jalonan la existencia
de esta mujer. Uno de ellos meramente circunstancial: nació
en Argelia durante la I Guerra Mundial; los otros dos, en
plena etapa de desarrollo personal y profesional, parecían
destinados a alejarla de su particular Eldorado: la estética.
Pero como afirma ella misma, parafraseando al poeta chileno
Pablo Neruda, "he vivido y he luchado con ilusión y tesón
por dar vida a mi sueño".
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Jesús
Vidal, actual consejero delegado de la compañía. Carmen
Vidal prácticamente ha delegado la dirección de la empresa
en su hijo Jesús, que ha crecido al mismo tiempo que
lo ha hecho Germaine de Capuccini. |
Un
sueño llevado hasta sus últimas consecuencias. Germaine
de Capuccini, la pequeña firma de productos de belleza que
fundara en 1976 se ha convertido en una de las grandes marcas
de cosmética profesional, cuyos productos se venden en más
de 60 países de los cinco continentes. Los últimos avances
que aporta esta empresa española al mundo de la estética
son recogidos y comentados tanto en diarios de información
general como Sunday Mirror, The Herald, Essex Chronicle
o Scottish Daily Record, como en revistas especializadas
de la talla de European Cosmetic Markets o Inside Cosmetics.
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Una existencia dedicada a la estética
"Mi adolescencia en Argelia condicionó mi futuro de una
forma decisiva. Todo el tiempo que pasé con las hospitalarias
mujeres argelinas despertó en mí la curiosidad sobre el
mundo de la belleza y la cosmética y determinó el leit
motive de mi existencia. Los conocimientos estéticos de
estas mujeres los fui adquiriendo a medida que iba ganándome
su confianza. El proceso de elaboración de cremas y ungüentos
a partir de hierbas, de pinturas para las uñas o de tintes
para el pelo, así como las materias primas que utilizaban
se me fue desvelando poco a poco", reconoce Carmen Vidal
en las páginas de su autobiografía Así creé Germaine
de Capuccini. Por aquel entonces, las argelinas se fabricaban
artesanalmente sus propios cosméticos basados en tierras,
zumos de frutas y plantas.
A su vuelta a España -a finales de 1932-, fruto de este
aprendizaje inicial, elabora su primera composición: una
pomada compuesta por esperma de ballena, agua de rosas,
aceite de almendras dulces y cera de abejas. "Las buenas
críticas recibidas por mis amigas, que se prestan a probar
el producto, me animan a preparar mi primer maquillaje a
partir de botones de nácar y zumo de limón, lo que dejaba
un cutis muy claro, acorde con la moda de entonces", recuerda
con cierta añoranza por aquellas primeras prácticas llenas
de satisfacción.
Los siguientes años, hasta el estallido de la Guerra Civil,
los pasa preparando nuevos productos. Labor que se ve interrumpida
por la contienda española y posteriormente por la mundial.
Se produce así un tiempo de espera hasta principios de la
década de los años 50, momento en el que se plantea la vuelta
a Argelia -"mi última aventura en el país del Atlas"-, con
el objetivo de retomar su compromiso con el mundo de la
cosmética. Allí consigue trabajo en el instituto de belleza
Madame Fabré, una médica y esteticista francesa que la induce
a cursar estudios de enfermería y de fisioterapia en la
Universidad de Argel.
Pero, otro conflicto bélico hace palidecer sus proyectos
profesionales: la guerra de la independencia argelina la
hace abandonar el país magrebí rumbo a París.
"La única alternativa que tenía para
completar mis conocimientos era instalarme en Francia, puesto
que en aquellos momentos la estética científica
se estaba convirtiendo en un negocio floreciente, gracias
a la reciente preocupación médica por los
problemas de la piel".
En la
capital francesa compagina la convalidación de las
especialidades realizadas en Argel con su trabajo en distintos
laboratorios, lo que le ayuda a consolidar sus conocimientos
en materia de formulación de productos cosméticos.
"Es en esta época, 1966, cuando empiezo a sentir
que ha llegado el momento de poner en marcha los proyectos
que había madurado en mi mente, así que decidí
abrir un salón de belleza en Alcoy, Dermabel, el
embrión de lo que hoy es Germaine de Capuccini".
De esta forma, en el umbral de su madurez profesional y
vital, Carmen Vidal comienza la aventura empresarial que
había deseado desde su adolescencia.
Los
inicios son duros: ha de luchar contra el recelo a todo
lo que supusiese una innovación y contra el desconocimiento
que existía en España del concepto de belleza
integral de la piel. Pero la calidad de los productos y
la profesionalidad del servicio trae consigo la ampliación
de los locales y la conversión de su negocio en una
Sociedad Anónima. Evento que se produce en 1976,
registrándose bajo el nombre de Germaine de Capuccini.
"Para liberar la denominación social de la empresa
de cualquier connotación negativa que se le pudiera
asociar en esos momentos, opté por Germaine de Capuccini:
Germaine porque era un nombre francés muy sonoro
que se retiene muy fácilmente y Capuccini porque
era una de las actrices más famosas de la época,
hoy casi olvidada, que representaba un auténtico
ideal de belleza".
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