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Una vida de cara al mar |
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La familia Fuentes, muy discreta y poco amiga de salir en los medios, ha sabido rodearse de un eficaz equipo de trabajo que siente la empresa como si fuese propia y que es capaz de sacar adelante las ideas emitidas desde el despacho principal. David Martínez Cañabate, responsable de Dirección del grupo, ha dedicado más de diez años de su vida profesional a esta empresa, cuyos entresijos conoce a la perfección: “Es indudable que la empresa surge gracias al ahínco e intuición del padre, pero cada uno de los hijos, a su manera, ha sabido imprimir su sello personal en buena parte de los negocios del grupo”. Durantes sus primeros años, la empresa original se hizo un nombre entre los grandes productores de la zona, centrándose en el salazón del lomo de atún (mojama) y de la hueva de atún, hasta que a principios de los años 80, importantes multinacionales japonesas pusieron sus ojos en el atún del Mediterráneo. Los asiáticos, movidos por el propósito de satisfacer su enorme demanda interna, pensaron que la producción de este pescado en el Levante español podría ser una solución viable. Martínez Cañabate explica que “durante los meses de abril y agosto tiene lugar el paso del atún rojo del Atlántico al Mediterráneo, donde los grandes túnidos vienen a completar su ciclo reproductor. Los japoneses, conscientes de este recorrido natural y de la pesca ancestral que se practica en los países ribereños desde hace siglos, decidieron estudiar la viabilidad de importar mercancía”. Y así es como se establece este primer contacto. “Comenzó entonces una época dura, de muchas pruebas, intentando enviar atún fresco a Japón en las mejores condiciones. Primero, se probó con la ventresca -la barriga del animal- que por sus características es la parte más preciada y la que más aguanta y, en una segunda fase, se apostó por el envío de piezas enteras”. A principios de los 80, la cuota de exportación rondaba el 10%, puesto que aún era necesario desarrollar un sistema que permitiese su transporte en barco en mejores condiciones. “Nosotros estábamos acostumbrados a trabajar con el producto en salazón, que aguanta estupendamente, pero nuestros clientes nos exigían un pescado fresco en excelentes condiciones”.
A mediados de los 80, Ricardo Fuentes e Hijos era la única empresa de Murcia que trabajaba con el mercado nipón, asentándose unas excelentes relaciones que serían cruciales en los años siguientes. Al regularizarse el envío de atún del Mediterráneo a Japón, sus principales importadores asiáticos comenzaron a trasladar a sus propios técnicos para asegurar que el producto estaba a su gusto. “El consumidor nipón compra el atún para comerlo crudo -para consumirlo en sashimi- por lo tanto, de una gran calidad, que ahora conseguimos con relativa facilidad, pero que hace 20 años era muy difícil”.En ese momento, la compañía se sirvió de los seis barcos que integraban, y todavía integran, la flota española del atún rojo, ampliando sus contratos con barcos franceses, italianos o tunecinos ante el constante crecimiento de la demanda asiática. Martínez no duda a la hora de señalar cuáles eran y son las principales ventajas de Ricardo Fuentes e Hijos. Con un paquete de mojama recién envasado en la mano, el responsable de la compañía sostiene que “muchas son las firmas que, tras nuestros primeras incursiones en Japón se quisieron sumar al carro. No obstante, se encontraron con un gran obstáculo que nosotros pudimos salvar: todo el atún rojo que el japonés rechazaba para el consumo en fresco, nosotros lo destinábamos al salazón .Y créeme, no exagero cuando digo que el japonés es extremadamente exigente con el tema del pescado”. Sin ir más lejos, el mercado asiático impone su propia terminología a la hora de identificar la calidad y características del atún rojo. Así, por ejemplo, si la pieza ha pasado demasiado calor tras su sacrificio y su carne se ha calentado, reblandeciéndose y adoptando un tono rosa, pasa a denominarse yake y no es apta para el consumo en crudo. También puede darse el caso de que el atún haya padecido una enfermedad que le haya generado tumores, algo que según Martínez, afecta casi al 5% de las capturas. En este caso, se señala con la palabra yamai y se impide su consumo. También existen otros factores como los golpes o kisu que hacen que el animal, aunque se pueda vender, pierda valor.
Esta técnica, ideada en su día por una empresa australiana de origen croata, propone el engorde en jaulas del atún rojo que ha sido pescado con anterioridad. El período que el animal pasa en estas instalaciones es de unos seis meses, en los cuales cada pieza no engorda más de veinte kilos. “Las piezas capturadas, de unos 150 o 200 kilos -subraya Martínez- son depositadas en las jaulas donde son alimentadas con arenques, sardina o calamar hasta su sacrificio. Lo importante de este período no es su engorde, sino la grasa que producen los animales y que le da a la carne ese sabor tan característico”.De hecho, aunque para otras especies como la dorada o la lubina, el ejemplar salvaje sea mucho más valorado, en el caso del atún rojo “es raro que una pieza que no sea de acuicultura alcance la categoría B, mientras que nuestras jaulas consiguen ejemplares A y B sin problemas. Es una carne mucho más jugosa que la salvaje”. Además, el mercado estadounidense entra también en escena a mediados de los años 90. “Siempre habían estado presentes los envíos a EE UU -dirigidos, en su mayor parte, a la distribución en restaurantes japoneses- pero nuestra cuota de exportación ha sido mínima. No ha alcanzado más del 5% y, como consecuencia de la fortaleza del euro frente al dólar, se ha quedado en una cifra residual”, explica convencido David Martínez.
Ante esta situación, en 2004, Ricardo Fuentes e Hijos optó por adentrarse en la acuicultura de la dorada y la lubina, sector en el que, a día de hoy, ya es líder en España. “Es cierto que en este campo la pieza en cautividad no tiene el mismo sabor que la salvaje, debido a la distinta salinidad de las aguas y a la alimentación con pienso. Además, no es un negocio que proporcione tanto dinero como el atún rojo, ni muchísimo menos, pero teníamos que estar ahí”. El grupo, además de la producción en viveros nacionales de lubina y dorada, importa de Turquía y Grecia, distribuyendo tanto en el mercado español como en países europeos como Reino Unido, Portugal e Italia. Junto con este nuevo negocio, la firma cartagenera ha apostado por reactivar los salazones a escala internacional: “los productos en salazón siempre han sido un tanto peculiares, pertenecen a la gastronomía local y, o gusta muchísimo o no gusta. ¡Es difícil hasta pensar en vender grandes cantidades de este producto en el norte de España! No obstante, parece que va encajando y ya estamos vendiendo a buen ritmo en Italia. Además, asistimos a ferias como CIBUS, SIAL y ahora a ANUGA de la mano del ICEX para promocionarlo”. “En un grupo tan grande, con tantas empresas, siempre se da prioridad a las opciones con mayor rentabilidad. Nuestro fuerte es el atún rojo, en el que, tal y como está ahora el mercado, tratamos de mantenernos sin perder nuestra posición”.Martínez se muestra resuelto a la hora de enumerar la situación actual: “La caída del yen arrastró consigo a empresas también ubicadas en Murcia que comerciaban con Japón y no tenían más fuentes de ingresos. Los costes derivados de la acuicultura del atún son muy elevados para los beneficios que se obtienen: nuestros clientes solo quieren que sea alimentado con producto fresco y aún hay que refinar la técnica de reproducción de la larva del pez en cautividad para conseguir ejemplares de la más alta calidad. Nosotros nos mantenemos por nuestro peso, por nuestras inversiones y por nuestra posición hegemónica dentro de las principales plazas”. Ricardo Fuentes e Hijos se enfrenta a una nueva etapa dentro de su recorrido empresarial en el que, la exportación, al igual que ha sucedido en los dos primeras décadas en la historia del grupo, será su gran baza. ROSA ANTUÑA SIMÓN
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