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Todos lo recordamos. Aquellas voces adultas que te enviaban al baño para que te lavaras las manos antes de sentarte a la mesa. Aquellos minutos en el lavabo del colegio intentando borrar el rastro de bolígrafo que un compañero de clase gracioso trazó en tu cara. Y siempre confiando en la pastilla de jabón, tan cotidiana y discreta que su presencia sólo es advertida cuando su compacta y sólida apariencia queda tristemente reducida a astillas en un insignificante rincón del lavabo.
Quizá evocando aquellos días pretéritos o, a lo mejor, otorgando dignidad a esta condición trágica de la pastilla de jabón, en 1999 nació Enjabonarte. El proyecto de esta joven empresa madrileña, sin embargo, va más allá y apuesta por el proceso de elaboración artesanal, la utilización de materias primas naturales y, sobre todo, un compromiso con la salud. Jabones elaborados con aceite de oliva o con glicerina, de colores llamativos, texturas agradables y aromas sugerentes, que evocan enclaves geográficos (Alicante, Mediterráneo, Barros del Mar Muerto), frutas (Coco, Fresa, Limón) o ecos de la infancia (Buggs Bunny, Regaliz).
Todo un mundo de esencias olfativas, táctiles e, incluso, visuales, cuyos efluvios también flotarán en las calles de los Balcanes, ya que en Serbia se abrirá la primera máster-franquicia de Enjabonarte. JAVIER FERNÁNDEZ
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