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Sol a la medida |
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Barea vendía productos cosméticos antes de comenzar con Formatronic, de la que es gerente. Su primer éxito comercial fue una máquina de depilación permanente. “Me gusta marcar la alternativa, hacer productos novedosos e innovadores, para ser el líder del mercado y que los demás sigan mi pauta”, explica. Su salto vendrá después, con la cámara de bronceado vertical, patentada por él, y de la que ha llegado a vender 1.500 unidades. “Cuando sacamos la máquina en 1995, fue una revolución que nos costó dos años de viajes y de ferias. Costaba introducirla porque era cara y los clientes tenían que estar de pie. Ahora el 90% del público en España se broncea con mis máquinas”, relata. Sin embargo, Juan es consciente de que los negocios tienen su ciclo. Después de la innovación, aparece la competencia y la copia. Después de cinco o seis años, el producto ya no es tan rentable y hay que pensar en algo nuevo. Hace dos años volvió a pensar en cómo dar un nuevo salto en el mercado. Surgió la idea del bronceado mediante pulverización. Esta máquina dispone de unos nebulizadores que impregnan el cuerpo de un líquido autobronceador. El efecto dura entre cuatro y siete días. La fabricación y la venta todavía son incipientes. Aún así, Formatronic tiene el liderazgo, puesto que de las diez máquinas existentes en España, siete son suyas. La tarea no ha sido fácil. “El secreto no está sólo en hacer un buen producto, sino conseguir que se convierta en éxito. El nuestro tiene unas características tan especiales que tardas entre un año y medio y dos años para introducirlo, que el público se entere y haya demanda”, señala. Juan explica que conseguir colocar su producto ha sido a costa de un esfuerzo de marketing, muchos kilómetros, muchas visitas a distribuidores, participación en ferias internacionales, buenos catálogos y muchas horas de trabajo. Además de los equipos de bronceado y de depilación, Formatronic completa su negocio con la venta de aparatos deportivos, aunque sólo los vende en España. Sus clientes son empresas dedicadas a la estética: gimnasios, centros de belleza y balnearios, principalmente. Excepcionalmente, ha realizado alguna venta a particulares, como en el caso de las saunas adaptadas a grandes viviendas.
Hasta México viajó Juan hace siete años. En aquel momento, sólo había una máquina de bronceado en todo el país. En su segundo viaje, ya había varios centros de bronceado pequeños. “Entonces vimos el momento de incorporarnos. Nos convertimos en la primera empresa del país en cuanto a número de máquinas instaladas y de centros de bronceado”, detalla. Después de siete años, Formatronic ha vendido en varios países: Israel, Argentina, México, Estados Unidos, Alemania, República Checa, Francia e Italia, entre otros. Su mayor logro es una joint-venture (sociedad conjunta) en México con un socio local. “Para mí es un orgullo tener una sociedad en México. Tener un socio local es la mejor forma de vender en otro país. He probado muchas formas, pero los distribuidores locales siempre quieren que el exportador se involucre asumiendo un riesgo. Es la forma más rápida y satisfactoria para conseguir resultados, aunque es la más arriesgada. Si no te implicas, el distribuidor hoy está contigo y mañana se casa con otro”, concluye. La sociedad constituida en México es comercializadora, no fabricante. Sin embargo, Barea está buscando un responsable para ensamblar máquinas. La eliminación de aranceles por el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (NAFTA, en sus siglas en inglés) le coloca en una posición débil frente a la competencia de las empresas estadounidenses. Sus equipos tienen unas tasas en aduana de más de un 20%. “No sé si voy a poder seguir soportando la competencia con Estados Unidos”, afirma. La fórmula del socio local es la misma que ha realizado en Portugal y que quiere aplicar en su próximo gran objetivo: Brasil. “En Brasil ya conozco a distribuidores y he invertido un tiempo que de momento no ha sido muy rentable. Me queda muy poco para situarme allí. Sólo me falta hacer dos o tres viajes más, seleccionar a la persona adecuada y empezar a exportar. He tenido muchas entrevistas con importadores, pero no quieren limitarse sólo a comercializar, sino que quieren que yo invierta”, explica. El negocio lo encuentra en las tres grandes ciudades: Río de Janeiro, São Paulo y Brasilia. “En este país te tienes que meter de lleno, porque es enorme y con unas grandísimas posibilidades”, concluye. A su juicio, los mejores mercados para un empresario que empieza a exportar son los de Iberoamérica. Entre otras ventajas, Barea argumenta que contamos con el mismo idioma, unas costumbres cercanas y una tecnología mejor. Por el contrario, el poder adquisitivo de los ciudadanos iberoamericanos es menor que el de los europeos. Europa sería el segundo destino, por cercanía y por las ventajas del mercado único.
Juan se pone en contacto con los consejeros de las oficinas comerciales de las embajadas de España en los países de su interés. “Cuando quiero abrir un mercado, recabo información a través de las oficinas comerciales. La información es buena, pero como mi producto es muy concreto, no resulta suficiente. Viajo al país y trato con mis futuros clientes. Observo el mercado y me fijo en si el bronceado está de moda. A partir de esta información, hago un envío masivo de correos electrónicos a posibles empresas clientes. Con las respuestas de interés, empiezo a negociar con los importadores”, explica. De este modo, Barea puede defender su producto con un precio mejor, ya que cuenta con muestras de interés de clientes locales. Para obtener una mayor efectividad en el negocio exterior, Juan opina que lo mejor es tener un departamento especializado con personal formado en comercio exterior. “Yo tengo una persona encargada de la documentación para introducir mi producto en un país, de la organización de una agenda de reuniones en mis viajes, entre otras cosas. Es imprescindible contar con una persona que gestione todos los problemas y asuntos relacionados con el comercio exterior”, apostilla. ÓSCAR GARCÍA MUÑOZ
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