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El euro está en boca de todos. Como se puede ver en las encuestas de Coyuntura de Exportación que realiza el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, desde el segundo trimestre de 2003, el tipo de cambio viene siendo el factor que más perjudica a las exportaciones españolas, según los empresarios. Sin embargo, resulta llamativo que las máximas cotizaciones del euro no coincidan en el tiempo con las percepciones empresariales más negativas al respecto. (En la edición en papel de El Exportador se ofrece un gráfico en el que se puede observar la evolución de la percepción negativa del tipo de cambio frente a su valor real.)

Al margen de eso, hay que tener en cuenta que más del 60% de nuestras ventas al exterior se producen en la zona euro (ver sección En cifras). En otras palabras: el papel que juega el tipo de cambio sobre el grueso de las exportaciones españolas es, a primera vista, limitado.
Paul Isbell, analista de Economía Internacional para el Real Instituto Elcano, incide en que “España es uno de los países más integrados con los miembros de la zona euro, mucho más que otros países europeos. En este sentido, el sector exterior español está algo más protegido que el de los socios de la zona euro a la volatilidad del tipo de cambio, como es el caso de Italia, Francia o Alemania”. Asimismo, Isbell considera que “para ver el tema en su justa proporción, sería útil comparar la situación actual con lo que ocurriría con la peseta. La misma dinámica”.
Sin embargo, es indudable que para al menos una cuarta parte de nuestras exportaciones el tipo de cambio es un factor muy a tener en cuenta.
Balbino Prieto, presidente del Club de Exportadores e Inversores, tiene claro que “incluso con el euro en condiciones normales nosotros estaríamos produciendo con unos costes muy superiores a los que existen en China, India y otros países de la propia UE”.
Así pues, la contribución negativa del tipo de cambio, sumada a otras variables, ha servido para hacer más evidente una serie de problemas estructurales que ya existían y a los que se enfrenta el sector exterior español, a saber:
Más del 90% de las empresas nacionales es pyme y de ellas solamente el 44% vende fuera del país. Además, la mayor parte del comercio internacional español depende de un número reducido de grandes compañías. Néstor Montoya, director de la Cámara de Comercio de Tánger, afirma que el tipo de cambio perjudica “a todo el sector empresarial, pero sin duda a quien más afecta es a las pymes, ya que su margen de maniobra es inferior al de las grandes empresas”.
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Pérdida de competitividad–precio. Durante muchos años la exportación española ha centrado su atractivo en el precio del producto. Hoy en día ese patrón ya no es suficiente porque el diferencial de inflación de España con el resto de miembros de la zona euro encarece nuestros productos; porque la renta de la población ha mejorado hasta situarse casi a la par de la de nuestros vecinos europeos, y porque los países en vías de desarrollo fabrican con unos costes muy inferiores a los mínimos posibles en España.
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La alta concentración de las exportaciones españolas en la zona euro hace que sean extremadamente dependientes de ese mercado. Si, como en este caso, la economía de la región está estancada, la demanda se resiente. A este respecto, Miguel Marías, jefe del Servicio de Estudios de la Cámara de Comercio de Madrid se muestra convencido de que “la baja demanda de nuestros principales clientes europeos es más determinante que la cotización del euro como factor limitativo del incremento de nuestras exportaciones”. Ante una tesitura como ésta, la salida natural es buscar nuevos destinos.
La cara y la cruz
Como comenta Balbino Prieto, “los productos de gran consumo son los que se han visto más perjudicados por la fortaleza del euro y por la competencia de otros países que producen en dólares”.
“El euro ha sido un factor negativo determinante en la caída de las exportaciones de calzado fuera de la zona euro, con una reducción de nuestra cuota de mercado en Estados Unidos superior al 30% en volumen y en valor. Las ventas en países sudamericanos como México, Chile, Brasil han tenido un comportamiento similar al de EEUU”, explica Javier García, director comercial de la Federación de Industrias del Calzado Español (FICE).
Todo lo contrario les ha ocurrido en Japón, donde han experimentado incrementos significativos, aunque, a su juicio, “la mejora de la economía en ese mercado ha sido el factor clave para el aumento de nuestras ventas”.
En el caso del mueble, Enrique Pérez, presidente de Asociación Nacional de Industriales y Exportadores de Muebles de España (ANIEME), confirma que “Los empresarios ven que el mismo producto comercializado ahora ha sufrido un encarecimiento en el precio de hasta un 30 ó un 40%”.
Desde el sector agroalimentario, Juan Vicente Gómez, director de la Asociación Española de la Industria y el Comercio Exportador del Aceite de Oliva (ASOLIVA) explica que “las exportaciones a países fuera del área euro habrían sido mayores si no se hubiese dado esta fortaleza de nuestra moneda”.
Por su parte, Jaime Palafox, director de Promoción Exterior de la Federación Española de Industrias de la Alimentación y Bebidas (FIAB), califica como “muy positiva” la evolución de las exportaciones del sector desde la entrada en vigor del euro, con un incremento del 50% en ese período. No obstante, 2004 fue un mal año, aunque para Palafox, esto no es atribuible al tipo de cambio en exclusiva: “Nos preocupan más algunos aspectos que consideramos estructurales como la aparición de nuevos competidores y una cierta debilidad en la inversión promocional”.
Por su parte, la industria química española ha soportado mejor la apreciación de la moneda única frente al dólar. Sus exportaciones registraron un crecimiento acumulado del 57% entre 1999 y 2003. Esta tendencia ha continuado al alza en 2004 a pesar del tipo de cambio.
Francisco Belil, presidente de la Federación Empresarial de la Industria Química Española (FEIQUE), asegura que “nos hemos visto beneficiados por un aumento de la demanda, consecuente con el crecimiento económico que se ha experimentado especialmente en China y el Sudeste Asiático”.
Una situación parecida ha vivido la industria siderúrgica. Según destaca Andrés Barceló, director de Mercados de la Unión de Empresas Siderúrgicas (UNESID), “2004 ha sido el mejor año de la industria siderúrgica en todo el mundo. En 2005 hemos tenido otros problemas; no el euro. Ya me gustaría a mí que fuera el euro el único problema”.
En cuanto al sector estrella de las exportaciones españolas, la automoción, el impacto del tipo de cambio sobre sus ventas ha sido realmente mínimo.
De la mano de la automoción van los componentes para vehículos, una de las industrias más dinámicas durante los últimos años. José Antonio Jiménez, director general de la Asociación Española de Fabricantes de Equipos y Componentes para Automoción (SERNAUTO), aclara que el “la alta calidad de nuestros productos y sus precios todavía en márgenes competitivos hacen que la oferta española siga siendo atractiva”.
A quienes sí parece haberles perjudicado el tipo de cambio de forma importante ha sido a algunos productores de bienes industriales y de equipo. Tanto la Asociación Española de Fabricantes de Herramientas de Mano (HERRAMEX) como la Asociación Española de Exportadores de Equipos para Manipulación de Fluidos (FLUIDEX) culpan a la alta cotización del euro de la disminución de sus ventas en América y en Asia.
En la misma tesitura se encuentran los fabricantes de baldosas cerámicas que han notado especialmente cómo la debilidad del dólar ha reducido sus exportaciones a Estados Unidos y América Latina.
Pero un euro fuerte también tiene sus ventajas. La más importante es que genera una capacidad de compra mayor sobre aquellos bienes que están valorados en monedas con respecto a las que nuestro tipo de cambio es favorable, por ejemplo el petróleo, que está vinculado a la cotización del dólar.
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