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ANGOLA
Un futuro por construir | 1 | 2 |


Tras conseguir su independencia, esta nación, rica en agua y en recursos minerales y con una tierra fértil y extensa, prometía un futuro alentador a sus habitantes, pero las luchas internas por el poder, con participación de terceros países, derivaron en una interminable guerra civil que ha durado hasta hace apenas dos años.
Con el silencio de las armas ha empezado a dibujarse un futuro distinto en el que cabe cierto optimismo.

En Angola los conflictos armados han sido una constante casi ininterrumpida desde su independencia de Portugal a mediados de los setenta. Incluso el espejismo de la paz abierto en 1991, tras el alto el fuego alcanzado entre el Gobierno del Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA) y el principal grupo insurgente, la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA), se truncó un año después cuando la UNITA rechazó los resultados electorales y reanudó las hostilidades.

Sin embargo, la firma del Acuerdo de Luena en la capital, Luanda, en abril de 2002, parece haber puesto el punto final a una de las guerras más largas del continente. De hecho, los observadores internacionales y los propios angoleños ven muy improbable la reanudación del conflicto y hacen hincapié en los pasos dados hacia la estabilidad del país.

Apuntes positivos
Esa estabilidad ha venido acompañada de un avance económico sustentado, en parte por las medidas de apertura económica adoptadas, en parte por la riqueza del subsuelo del territorio.

Angola es hoy el cuarto mayor productor mundial de diamantes y el segundo mayor productor de petróleo del África Subsahariana, con más de 800.000 barriles de crudo diario.

“El sector petrolero contribuye con más de un 40% a la formación del PIB y supone el 90% de los ingresos angoleños por exportación”, subrayan desde la Oficina Económica y Comercial de la Embajada de España en Luanda.

Sin embargo, este hecho también refleja una excesiva dependencia de este tipo de ingresos y una configuración económica del país como monosectorial, a pesar de que en los últimos años se ha desarrollado un tímido avance hacia la diversificación productiva.

El PIB de la república ha crecido de manera sostenida en los últimos cinco años y se han incrementado las exportaciones. Además, la aplicación de políticas antiinflacionistas ha conseguido contener la inflación en cifras de dos dígitos, frente al 329% de 1999, por ejemplo, y el país ha experimentado un aumento en la recepción de capital extranjero. Así, Angola figura hoy entre los principales receptores de inversiones extranjeras directas del continente africano, gracias, en buena medida, a la modificación de las leyes sobre inversión desarrolladas en 2003.

Tal y como subraya a El Exportador Digitalel presidente de la Asociación Industrial de Angola (AIA), José Severino, “la situación geográfica supone un valor añadido al servir como puerta de entrada en el mercado de África del sur, en el que nuestro país puede desempeñar un importante papel gracias a su influencia política y económica”.

No obstante, matiza que “a pesar de que Angola cuenta con muchos de los ingredientes que impulsan el desarrollo económico, aún seguimos necesitando transferencias de tecnología, de capital y de know-how”. En ese sentido, “el Gobierno está haciendo un esfuerzo económico y legislativo para incentivar la inversión a través de nuevos instrumentos legales”.

Un ejemplo de apertura ha sido la autorización a los bancos comerciales para que puedan financiar directamente las importaciones sin pasar, como era requisito anterior, por el Banco Nacional de Angola.

Mucho por hacer
Pero las buenas perspectivas que se atisban en el horizonte no consiguen borrar la herencia de una guerra que ha dejado:

  • miles de muertos,
  • cuatro millones de desplazados,
  • un aparato militar sobredimensionado y costoso,
  • más de 14 millones de minas repartidas por todo el territorio. Su presencia hace que multitud de regiones del país no puedan ser cultivadas, dejen miles de heridos al año y cercenen la comunicación y el abastecimiento del país.

Angola sigue figurando en los 50 últimos puestos de la lista de desarrollo humano. Además arrastra el importante fardo que supone la deuda externa, con más de 10.000 millones de dólares de débito en 2002.

El paro es un problema endémico y puede situarse en más del 35% de la población activa, según diversos análisis que también destacan el excesivo peso de la economía sumergida y la falta de mano de obra cualificada, auspiciada en parte por un sistema educativo deficiente.

La guerra también ha dejado destruida una parte importante del sistema de transportes y de las infraestructuras, que amenaza con maniatar el crecimiento económico del país, sobre todo en las zonas rurales. Las autoridades han buscado el apoyo y la financiación de los organismos internacionales, y han asumido parte de las medidas liberalizadoras recetadas.

A pesar de ello, el panorama comercial de Angola no ha cambiado tanto en los últimos años, por lo menos en lo que se refiere a sus socios. La Unión Europea ocupa el primer lugar como proveedor del país africano, con cerca del 40% del total de las importaciones. En concreto Portugal sigue siendo el principal suministrador de su antigua colonia. También destacan Francia, Italia y España. EEUU, Brasil y Sudáfrica son las otras naciones de referencia en las importaciones angoleñas.

En lo que se refiere a los principales países de destino de las exportaciones angoleñas, EEUU es su principal cliente.

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