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En
1943, durante la Segunda Guerra Mundial, se publicaba en Moscú
un estudio que iba a suponer el punto de origen de la electro-erosión,
que es una técnica de mecanización de todo tipo de
materiales conductores a través de millones de descargas
eléctricas controladas, que funden el material, independientemente
de su dureza, con una gran precisión y un alto grado de acabado.
Sin embargo, no fue hasta 1954 cuando en los Estados Unidos comenzó
a experimentarse con esta nueva tecnología, que complementa
a la máquina-herramienta convencional y se emplea en la fabricación
de moldes y matrices de donde salen piezas para los sectores de
automoción, aeronáutico, aeroespacial, electrónico,
electrodomésticos de línea blanca y línea marrón,
y juguetería.
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José
María de Onandía |
Dos años antes,
tres hermanos vizcaínos creaban en Durango la empresa Ona
Electro-erosión, para construir máquinas no convencionales.
Y por ello se apresuraron a hacerse con la patente de la incipiente
tecnología, convirtiéndose en pioneros en el desarrollo
de las máquinas de electro-erosión.
A día de hoy,
Ona es el fabricante de máquinas de electro-erosión
más antiguo del mundo. Además de líder mundial
en la construcción de máquinas de electro-erosión
de grandes dimensiones y primer productor de la Unión Europea.
¿Claves de su éxito? El desarrollo permanente del
producto, la buena segmentación del mercado, la búsqueda
de nichos de mercado y la representación en los principales
países industrializados.
José María
de Onandía, vicepresidente ejecutivo de la empresa, lo explica
así: “Siempre hemos dado muchísima importancia
al I+D; además, nunca hemos querido llegar a todo tipo de
clientes, sino centrarnos en el de tecnología media-alta;
asimismo, hemos optado como nicho de mercado por el de las máquinas
de electro-erosión grandes; y por último, desde el
principio hemos tenido la inquietud de estar presentes en otros
países”.
Por supuesto, no todo
ha sido un camino de rosas. La principal dificultad a la que tuvieron
que enfrentarse fue el hecho de que al ser la electro-erosión
una tecnología muy novedosa, no se entendía muy bien
en aquella época. “Antes la máquina-herramienta
no incluía nada de electrónica, era todo mecánica
y los moldistas, que son nuestro cliente final, no podían
comprender que con algo electrónico se pudiera mecanizar
piezas. Empezamos a vender aquí, pero vimos que el mercado
español no era suficiente y menos con la mentalidad que existía
y nos tuvimos que abrir a muchos otros países para poder
comercializar nuestro producto”.
La internacionalización
ha sido una de las líneas estratégicas de Ona desde
sus comienzos. En la actualidad, más de 10.000 máquinas
de electro-erosión de la firma han sido instaladas en 60
países de los cinco continentes. Exportan el 60% de su producción,
mientras que el 40% restante se vende en España, acaparando
un 80% del mercado interno. En el exterior su principal cliente
es la Unión Europea (70%), “aunque ahora estamos trabajando
muy duro en los Estados Unidos y Asia. De hecho, ya estamos instalados
con nuestra propia filial en el estado de Ohio, y en Hong Kong estamos
a punto de abrir una planta de producción en China”,
apunta Onandía.
Delegaciones
como garantía del servicio al cliente
La
forma que esta empresa ha tenido de comercializar sus máquinas
no siempre ha sido a través de filiales, sino mediante distribuidores,
que se han ocupado de seleccionar muy cuidadosamente. “El
perfil de nuestro distribuidor es una empresa local; de tamaño
pequeño o mediano; con buena reputación en su país;
con filosofía de servicio; que distribuya pocas máquinas
del resto del sector de máquina-herramienta, complementarias
a la electro-erosión; y autónoma en tecnología
y repuestos, aunque nosotros podemos ayudarle financieramente a
esto. Ha de tener un jefe de producto de electro-erosión
y una persona, por lo menos, encargada del servicio técnico
y la consultoría tecnológica”.
Fue a partir de 1989
cuando decidieron crear su propia red de filiales, ya que al seguir
siendo la electro-erosión una tecnología no convencional,
hay que comercializarla de una manera distinta al resto de la máquina-herramienta,
estando muy cerca del cliente; y según el vicepresidente
ejecutivo de la compañía, “al no estar los distribuidores
especializados en electro-erosión la información que
te llega nunca es muy fiel, a pesar de que se quiera hacer así,
por lo que nunca llegas al cliente de verdad. Por ello decidimos
abrir nuestras propias delegaciones en los principales mercados:
para que los clientes fueran tratados con nuestra filosofía”.
¿La forma
de crear una filial? Muy fácil: “Si el distribuidor
funciona bien, vendiendo mucho y trabajando de acuerdo a nuestra
filosofía le proponemos hacer una joint-venture; y
si no quiere, nos instalamos por nuestra cuenta, a veces llevándonos
a alguien que trabaja con él en la electro-erosión
y alrededor de esta persona formamos un equipo”.
En 1989 Ona
estableció sus primeras filiales en los países en
los que ya estaba asentada, y después en los que era menos
conocida para consolidar dichos mercados. Francia, Portugal e Italia
fueron las primeras en abrir sus puertas. En 1991 lo hizo en Alemania,
pero esta experiencia no funcionó debido a desencuentros
con la dirección de la misma, y después de tres años
tuvieron que cerrarla. “Ahora trabajamos con un distribuidor,
pero estamos haciendo grandes esfuerzos para abrir de nuevo nuestra
propia filial. Para ello debemos buscar la gente adecuada y lo estamos
haciendo a través de
head-hunters”, expone Onandía. Y continúa
“el año pasado, recibimos proposiciones de tres empresas
alemanas que nos ofrecían ser adquiridas. Las hemos estudiado,
pero precisamente no tienen lo que nos interesa, que es una buena
red de ventas y un servicio técnico adecuado”. Además,
Alemania parece ser un mercado especialmente difícil, ya
que los principales competidores de Ona están fuertemente
instalados allí (ver El Exportador
nº 53).
En 1998 se creó
la filial de los Estados Unidos en Dayton, Ohio. Cinco años
más tarde la de Hong Kong, para todo el continente asiático,
excepto China. Para vender sus productos en este país están
a punto de abrir una planta de producción en la provincia
de Guandong, donde se van a fabricar las partes mecánicas
de la máquina y toda la parte electrónica se enviará
desde España. Una vez allí se ensambla todo, se hacen
los controles de calidad y se comercializa.
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