Usted
puede encontrarse -hay a quién le ha pasado- con que en una
entrevista de negocios con un alto responsable chino –pongamos
con categoría de viceministro- el interlocutor le espeta
tras un inicial intercambio de frases más bien banales: ¿Debe
ser Vd. una persona muy importante en su país? Si supera
la tentación de ir lo más rápidamente posible
a Internet por si en algún despacho de la agencia EFE aparece
nombrado subsecretario o director general, enseguida se dará
cuenta de que hay algo que no marcha. Emergencia. Sus neuronas se
interconectan a mayor velocidad que el más rápido
procesador, pero no surge la luz.
La respuesta no está
en su cerebro, la tiene en el bolsillo. En la humilde tarjeta de
visita lista para ser entregada a su interlocutor pero que espera
a que él tome la iniciativa. Error. En China entrega primero
la tarjeta la persona de menor relieve empresarial, social o político.
Las tarjetas
hablan, pero cuando callan, su silencio puede ser fatal. JOSÉ
A. GARCÍA RUBIO
|