| TRAS LAS HUELLAS DE… COSENTINO | |||
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Paso a paso fue como Cosentino consiguió que su producto estrella, Silestone, resultado de la mezcla de cuarzo natural y cristal, con pigmentos de color y trozos de mármol, se hiciera con el mercado de las encimeras de cocina. Esta amalgama, tras un proceso de condensación y secado, tiene una gran resistencia y una porosidad mínima, gracias a la cual puede limpiarse con gran facilidad. Con este producto se ha creado un genérico, ya que piedras artificiales con similares características de otros fabricantes son conocidas en el mercado con el nombre de Silestone. Además de las ventajas del producto, el control de sus distribuidores, a través de su integración en el Grupo mediante participaciones compartidas, ha hecho que ese liderato pueda mantenerse sin altibajos: "Con esto hemos conseguido abrirnos paso en un mercado tan difícil como el de EEUU y estamos presentes en otros 49 de Sudamérica, Europa, Oriente Próximo y Oceanía". Su próximo reto es el de intercomunicar en tiempo real todas las filiales para conocer las necesidades de producto en cada momento: "La realidad es que -como señala Francisco Martínez-Cosentino- nuestro grupo ha crecido más rápido que la infraestructura de comunicaciones. Todavía no es posible conectar nuestras filiales a nuestra central de Cantoria a través de ADSL -tecnología que permite la transmisión de datos en Internet a alta velocidad mediante líneas de cobre- y habrá que esperar para ese proyecto". Las cifras no engañan. Cosentino espera haber facturado 138,23 millones de euros durante el año 2001, de los que el 46% ha ido destinado a la exportación. Las ventas de Silestone suponen el 77% del total de su facturación. La historia de Cosentino es paralela a la de muchas empresas de la Comarca del Mármol almeriense, situada en la zona de Macael. Con una tradición milenaria en cuanto a la explotación de canteras y trabajos artesanales con mármol, muchas pyme de la zona se fusionaron a partir de los años 80 y basaron su estrategia en la especialización para acceder a los mercados externos y no ser absorbidas por competidores más fuertes. Así, corrían los años 70 cuando la familia Martínez-Cosentino emigró de Macael a Barcelona, pero los dos hijos, Francisco y Eduardo volvieron a poner en marcha el negocio familiar porque "habíamos decidido apostar por generar riqueza en nuestra tierra de nacimiento, algo que en la época sonaba raro". Francisco dejó su plaza de profesor de primaria para encargarse de las compras de material y canteras en Macael y Eduardo, desde Barcelona, gestionaba las ventas de los productos del taller. El resto de la década transcurrió con la incorporación de los demás hermanos al negocio y con pequeños beneficios que se reinvertían en la compra de canteras.
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