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>> Estructuras espaciales
Con permiso de la autoridad y si el tiempo no lo impide, frase
que ha figurado durante siglos en los carteles taurinos, va a
ir desapareciendo a medida que los empresarios de plazas de toros
se percaten de las ventajas de su cubrimiento, sobre todo si se
pueden abrir y cerrar a discreción y dejar el albero al
sol como lo requiere el espectáculo taurino, o explotarlas
más allá de la fiesta nacional.
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José
Luis Azkue, director general, en la plaza de toros de
San Sebastián. |
Esto es posible
mediante el uso de estructuras espaciales, una de las líneas
de actividad de Lanik, S.L., empresa guipuzcoana formada principalmente
por ingenieros industriales, que desde hace veinticinco años
(en febrero los cumplirán) viene aportando al sector de
las estructuras avances tecnológicos y posibilidades geométricas
no experimentadas con anterioridad.
En sus inicios
se dedicaron a diseñar y fabricar estructuras metálicas
convencionales, sobre todo para cubrir pabellones industriales,
pero pocos años después, en torno al 84, añadieron
las de madera laminada y en el 89, las estructuras espaciales,
ofreciendo así una gama mucho más completa, ya que
había necesidad de diversificar y avanzar con otros sistemas
que se estaban imponiendo en Europa (Francia, Alemania...) y que,
como nos dice el director general de Lanik, José Luis Azkue,
"en España en aquellos años no tenían
éxito, sobre todo por la falta de un fabricante que facilitase
el diseño a un precio razonable. La introducción
de la madera laminada representó un gran avance porque
abrió un amplio abanico de posibilidades, ya que las nuevas
aplicaciones en cuanto a su estructura, más elegantes y
alejadas de las convencionales -metálicas- aportaban mayor
belleza en centros comerciales y pabellones polideportivos, con
un lucimiento añadido del diseñador del proyecto,
generalmente un arquitecto". Y añade: "Estos
profesionales son los que acogieron esta iniciativa con mucho
entusiasmo y propiciaron que se hicieran las primeras realizaciones
nuestras de madera laminada".
Pocos años
después, en 1989, Lanik se incorporó al mundo de
las estructuras espaciales, ya que se vieron como una gran oportunidad
de negocio, al ofrecer muchas posibilidades técnicas con
geometrías difícilmente conseguibles con los otros
sistemas estructurales. "Podíamos cubrir grandes vanos
-luces- de hasta más de 100 metros, sin necesidad de postes
intermedios, con una eficacia económica razonable, algo
que no se podía conseguir con las estructuras metálicas
clásicas, menos ligeras, o con las de madera laminada,
a un precio asequible". Este sistema lo incorporó
la empresa guipuzcoana en 1989 y creó un taller en Asteasu
(Guipúzcoa) a 20 kilómetros de San Sebastián
para montar un sistema de producción propio, mediante la
utilización de medios informáticos y máquinas
de control numérico, por lo que cada vez podía ofrecer
soluciones a proyectos más ambiciosos, convirtiéndose
en un referente claro en estructuras para los técnicos
y para las empresas constructoras que son las que, al final, les
contratan. "Es decir, en general, una constructora contrata
una estructura nuestra, previa prescripción de un arquitecto
o de su oficina técnica", explica José Luis
Azkue.
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Como fue la internacionalización
"A
comienzos de los noventa, el poder abarcar una serie de posibilidades
nos animó a atender las demandas internacionales, pero
lo hacíamos de una manera ocasional sin una estrategia
previamente establecida". Y uno de sus primeros logros llegó
a través del encargo del hangar para el aeropuerto de Toluca,
en México, con una luz libre de 93 m, capaz de albergar
un avión tipo Jumbo. "Pero estos contratos los conseguíamos
por contactos, pero sin una estrategia definida, que fue la que
luego el plan PIPE nos permitió diseñar".
También
trabajaron en Colombia, en varias estaciones del metro de la ciudad
de Medellín, que hizo la constructora española entonces
llamada Entrecanales (hoy Necso).
"En Portugal,
detectamos un desfase con respecto al mercado español y
también realizamos varias estructuras de la mano de empresas
constructoras españolas. Quizás lo más importante,
fue la estructura que hicimos con Ferrovial (hasta 12.000 m2)
para los pabellones de los países participantes en la Expo
Mundial de Lisboa de 1998".
"Al programa
PIPE nos incorporamos en 1998 y eso nos permitió atender
a otros países, con una estrategia definida para avanzar,
porque hay que tener presente que el período de maduración
de este producto -desde la cabeza del proyectista hasta que se
termina la obra- es largo, no menos de 3 o 4 años, y la
planificación a la que nos obligaba el compromiso con PIPE
nos permitió extendernos a otros lugares, como Francia
siempre muy proteccionista, o de países de América
Central, como Venezuela, y del Caribe, como Cuba (con estructuras
de madera) o la República Dominicana (Centro de Congresos
de Barceló). Es decir, empezábamos a dar unos pasos
con sentido".
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