N.49
Enero 2002
 
 





     
  Tras las huellas de ...  
Primeros pasos  
  Actualidad del exportador  
  ¿Sabía Usted?  

 

El programa PIPE les permitió diseñar coherentemente su expansión internacional


 

 

 PRIMEROS PASOS… LANIK, S.L.  


>> Estructuras espaciales
Con permiso de la autoridad y si el tiempo no lo impide, frase que ha figurado durante siglos en los carteles taurinos, va a ir desapareciendo a medida que los empresarios de plazas de toros se percaten de las ventajas de su cubrimiento, sobre todo si se pueden abrir y cerrar a discreción y dejar el albero al sol como lo requiere el espectáculo taurino, o explotarlas más allá de la fiesta nacional.

José Luis Azkue, director general, en la plaza de toros de San Sebastián.

Esto es posible mediante el uso de estructuras espaciales, una de las líneas de actividad de Lanik, S.L., empresa guipuzcoana formada principalmente por ingenieros industriales, que desde hace veinticinco años (en febrero los cumplirán) viene aportando al sector de las estructuras avances tecnológicos y posibilidades geométricas no experimentadas con anterioridad.

En sus inicios se dedicaron a diseñar y fabricar estructuras metálicas convencionales, sobre todo para cubrir pabellones industriales, pero pocos años después, en torno al 84, añadieron las de madera laminada y en el 89, las estructuras espaciales, ofreciendo así una gama mucho más completa, ya que había necesidad de diversificar y avanzar con otros sistemas que se estaban imponiendo en Europa (Francia, Alemania...) y que, como nos dice el director general de Lanik, José Luis Azkue, "en España en aquellos años no tenían éxito, sobre todo por la falta de un fabricante que facilitase el diseño a un precio razonable. La introducción de la madera laminada representó un gran avance porque abrió un amplio abanico de posibilidades, ya que las nuevas aplicaciones en cuanto a su estructura, más elegantes y alejadas de las convencionales -metálicas- aportaban mayor belleza en centros comerciales y pabellones polideportivos, con un lucimiento añadido del diseñador del proyecto, generalmente un arquitecto". Y añade: "Estos profesionales son los que acogieron esta iniciativa con mucho entusiasmo y propiciaron que se hicieran las primeras realizaciones nuestras de madera laminada".

Pocos años después, en 1989, Lanik se incorporó al mundo de las estructuras espaciales, ya que se vieron como una gran oportunidad de negocio, al ofrecer muchas posibilidades técnicas con geometrías difícilmente conseguibles con los otros sistemas estructurales. "Podíamos cubrir grandes vanos -luces- de hasta más de 100 metros, sin necesidad de postes intermedios, con una eficacia económica razonable, algo que no se podía conseguir con las estructuras metálicas clásicas, menos ligeras, o con las de madera laminada, a un precio asequible". Este sistema lo incorporó la empresa guipuzcoana en 1989 y creó un taller en Asteasu (Guipúzcoa) a 20 kilómetros de San Sebastián para montar un sistema de producción propio, mediante la utilización de medios informáticos y máquinas de control numérico, por lo que cada vez podía ofrecer soluciones a proyectos más ambiciosos, convirtiéndose en un referente claro en estructuras para los técnicos y para las empresas constructoras que son las que, al final, les contratan. "Es decir, en general, una constructora contrata una estructura nuestra, previa prescripción de un arquitecto o de su oficina técnica", explica José Luis Azkue.

>> Como fue la internacionalización
"A comienzos de los noventa, el poder abarcar una serie de posibilidades nos animó a atender las demandas internacionales, pero lo hacíamos de una manera ocasional sin una estrategia previamente establecida". Y uno de sus primeros logros llegó a través del encargo del hangar para el aeropuerto de Toluca, en México, con una luz libre de 93 m, capaz de albergar un avión tipo Jumbo. "Pero estos contratos los conseguíamos por contactos, pero sin una estrategia definida, que fue la que luego el plan PIPE nos permitió diseñar".

También trabajaron en Colombia, en varias estaciones del metro de la ciudad de Medellín, que hizo la constructora española entonces llamada Entrecanales (hoy Necso).

"En Portugal, detectamos un desfase con respecto al mercado español y también realizamos varias estructuras de la mano de empresas constructoras españolas. Quizás lo más importante, fue la estructura que hicimos con Ferrovial (hasta 12.000 m2) para los pabellones de los países participantes en la Expo Mundial de Lisboa de 1998".

"Al programa PIPE nos incorporamos en 1998 y eso nos permitió atender a otros países, con una estrategia definida para avanzar, porque hay que tener presente que el período de maduración de este producto -desde la cabeza del proyectista hasta que se termina la obra- es largo, no menos de 3 o 4 años, y la planificación a la que nos obligaba el compromiso con PIPE nos permitió extendernos a otros lugares, como Francia siempre muy proteccionista, o de países de América Central, como Venezuela, y del Caribe, como Cuba (con estructuras de madera) o la República Dominicana (Centro de Congresos de Barceló). Es decir, empezábamos a dar unos pasos con sentido".