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La inversión llevada
a cabo en los últimos años en el Reino Unido ha supuesto un fuerte
empuje para el desarrollo del tejido industrial en materia de medio
ambiente y la mejora en las condiciones ambientales de la nación.
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La estrategia para la calidad del aire
Desde la época del consumo masivo de carbón y de
los episodios de contaminación de 1950, el Reino Unido
ha progresado hasta conseguir en la actualidad una aceptable calidad
del aire.
La Air Quality
Strategy (AQS), o Estrategia para la Calidad del Aire para Inglaterra,
Escocia, Gales e Irlanda del Norte, fue puesta en marcha por el
Departamento de Medio Ambiente Británico con la finalidad
de satisfacer los objetivos del Acta Medioambiental de 1995 para
una estrategia nacional contra la contaminación atmosférica.
La primera edición
de la AQS fue publicada en marzo de 1997, previamente a la Cumbre
de Kyoto sobre el cambio climático
celebrada a finales del mismo año.
En 1999 se
publicó la Directiva Europea 1999/13/EC con el propósito
de prevenir y reducir los efectos directos e indirectos de las
emisiones de compuestos orgánicos volátiles sobre
el medio y la salud humana.
A fin de evaluar
el grado con el que esta Directiva impondría límites
más rigurosos en la emisión de gases respecto a los
permitidos por la legislación existente en el Reino Unido,
el Departamento de Medio Ambiente Británico encargó
un informe donde se analizaba los beneficios que
se obtendrían con la implantación de dicha Directiva.
La previsión
en la reducción de emisiones fue establecida en un 21%
por encima de las conseguidas con las normas existentes en el
Reino Unido: la Integrated Polution Control y la Local Air Polution
Control.
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Energías renovables
La implantación de medidas para el control climático
como el Protocolo de Kyoto o, en el ámbito local en el
Reino Unido, el impuesto del cambio climático, han servido
para fomentar el desarrollo de las energías renovables.
En un afán
de incentivar la producción y consumo de energías
renovables, el Gobierno británico ofrece medidas como el
plan NFFO (Non Fossil Fuel Obligation), o la decisión de
liberar este mercado del Climate Change Levy (impuesto para el
cambio climático).
Siguiendo
esta tónica, el pasado mes de octubre el primer ministro,
Tony Blair, anuciaba la decisión del Gobierno de llevar
a cabo un conjunto de inversiones destinadas a fomentar el desarrollo
de las energías renovables.
A principios
de febrero, el Departamento de Comercio e Industria adoptó
un nuevo planteamiento mediante el cual los proveedores de energía
eléctrica tendrán para 2010 la obligación
de generar al menos un 10% de su producción de electricidad
procedente de las denominadas energías limpias. Los gastos
derivados de este proceso serán incluidos en la factura
que el consumidor tendrá que pagar.
Con estas
medidas, sectores como el de la bioenergía han experimentado
un notable crecimiento en los últimos años.
En la actualidad,
uno de los sistemas de producción de energía con más
perspectivas es la cogeneración,
debido a su escasa contaminación y a la eficacia que presenta.
En el caso del
sector hidroeléctrico, la madurez y saturación que
presenta este mercado en el Reino Unido, ha llevado a las empresas
británicas a buscar nuevos mercados
fuera de sus fronteras.
En el campo
de la innovación, el Departamento de Comercio e Industria
Británico y la Comisión para la Energía de
Escocia están mostrando un gran interés por las
perspectivas que ofrece la producción de energía
proveniente del mar. Esta forma de energía será
sin duda uno de los sectores con mayores perspectivas en el Reino
Unido.
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La gestión de los residuos
Los últimos datos disponibles indican que anualmente el
Reino Unido genera 423 millones de toneladas de residuos. La gestión
de este volumen de residuos supuso en 1997 al Gobierno británico
un importe que representa la segunda partida presupuestaria más
alta en los gastos generales para medio ambiente.
El principal
obstáculo con que se encuentra el Gobierno británico
para la gestión de estas instalaciones, es el complicado
marco legal en que se encuadra. La normativa vigente hasta nuestros
días ha sido la Licencia para el Manejo de Residuos de
1994, establecida bajo el Acta de Protección Ambiental
de 1990. La actividad, no obstante, se encuentra regulada también
por el Acta de Control y Prevención de la Contaminación
que traspone la directiva comunitaria. Ese entramado legal ha
generado conflictos competenciales entre la Agencia de Medio Ambiente
y el Gobierno.
El Gobierno
desea adecuar estas instalaciones a la normativa comunitaria incorporando
su gestión al sistema de Control y Prevención de
la Contaminación mientras que la Agencia de Medio Ambiente,
por su parte, pretende que esta gestión sea llevada a cabo
bajo la normativa ya existente.
Como solución
intermedia, ambos organismos han llegado al acuerdo de excluir
de la normativa actual a todos aquellos vertederos que se cierren
antes de julio de 2001, y establecer un período para la
adaptación o clausura de los vertederos existentes a la
nueva normativa en un plazo, aún en discusión, entre
2005 y finales de 2006.
En la actualidad
la gestión y manejo de este tipo de instalaciones en el
ámbito comunitario viene regulado por la Directiva 1999/31/EC
sobre vertederos. Esta directiva deberá ser traspuesta
a la legislación británica para julio de 2001.
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