|
  
En
poco más de diez años, este país ha protagonizado un espectacular
crecimiento que le ha convertido en una de las economías
más abiertas del mundo.
La
ciudad del Ulises de Joyce, en otros tiempos acostumbrada
a la emigración masiva de sus habitantes, ve ahora con sorpresa
como una corriente de jóvenes europeos, y entre ellos cada
vez más españoles, se apodera de sus calles atraídos tanto
por su ambiente bohemio como por la bonanza económica.
Pero la transformación experimentada por Dublín no se puede
separar de la de Irlanda en su conjunto. Sólo en el período
94-98, la economía ha crecido vertiginosamente a un ritmo
medio superior al 9%, mientras que la tasa de desempleo,
que era del 17% hace sólo una década, roza ahora el 6%.
Todo
un ejemplo a seguir si se tiene en cuenta que en 1975 el país
estaba al borde de la bancarrota.
>>
Inversión extranjera directa
Y,
aunque cada economista tiene su teoría favorita, todos parecen
coincidir en que la entrada masiva de inversión extranjera
directa ha sido la que ha tenido una mayor influencia positiva
sobre la economía irlandesa en los últimos años.
En la década de los 90, firmas como IBM, Hewlett-Packard,
Intel, Gateway 2000, Dell Computer, Fujitsu o Motorola,
líderes de los sectores de la informática y la electrónica,
se han instalado en Irlanda. Estas inversiones también han
llegado a otros sectores como la industria farmacéutica,
la de telemarketing y las instituciones financieras.
|